Reflexión libertaria sobre la ley/ Nelson Rodriguez Chartrand 

Si hay algo de lo que estoy plenamente convencido es que, mientras los seres humanos no sean capaces de asumir la vida desde una perspectiva individualista, poco podrán lograr en términos del progreso, la paz, la justicia y la felicidad, razón de ser de la existencia humana.
La concepción colectivista conduce a modelos de sociedades como la cubana, donde la individualidad, la creatividad y la autonomía humana son exterminadas en nombre de una falsa igualdad solapada por una falsa filantropía. El colectivismo, por su propia esencia, conduce inexorablemente a modelos de sociedades compuestas por autómatas. Esclavos de la voluntad de una minoría acreedora de todos los derechos humanos a costa del sacrificio de la libertad de la mayoría.

Veamos esto a través de la ley.

Bajo el prisma de la concepción colectivista, la ley es el conjunto de normas que dictan cuál debe ser el comportamiento de las de las personas en sociedad, determinando cuáles son sus derechos y obligaciones e imponiendo sanciones por su incumplimiento. En otras palabras, la ley en las sociedades colectivistas no es otra cosa que la imposición de la voluntad de una minoría sobre la mayoría. Su objetivo es sancionar y legitimar la voluntad de esa minoría.

Sin embargo, para las sociedades individualistas la ley es concebida como la organización colectiva del derecho individual de legítima defensa.

Para el individualista existen tres derechos básicos, naturales, que su defensa constituye la razón de ser y el principio y fin de la leyes, por constituir estos los elementos conservadores de la vida. A saber, la personalidad, la libertad y la propiedad. He aquí al hombre, el fin último de las leyes en una sociedad individualista es precisamente garantizar el respeto de estos derechos naturales.

Esto se fundamenta en el hecho de que si la personalidad, la libertad y la propiedad son los elementos que sustentan la existencia humana, es responsabilidad y derecho de cada individuo defenderlos aún por la fuerza si fuere necesario y si a cada individuo le asiste ese derecho, también varios hombres tienen el derecho de organizar una fuerza común (Ley) para defender con regularidad esos derechos.

Por lo tanto, el derecho colectivo, eso es La Ley en una sociedad individualista se legitima en el derecho individual, siendo este su razón de ser, y así como la fuerza de un individuo no puede legítimamente agredir a la persona, la libertad y la propiedad de otra persona, por la misma razón la fuerza común (La Ley) no puede ser legítimamente aplicada a destruir a la persona, la libertad y la propiedad de individuos o clases.

Por lo tanto, bajo la concepción individualista de la sociedad es que la ley cumple su verdadero objetivo, la defensa de los derechos naturales de los seres humanos, pues su legitimidad y su existencia se derivan de ellos y por tal razón la ley desde este contexto garantiza la protección de la naturaleza humana.

Muchas gracias.

nelsonchartrand@gmail.com; Nelson Rodríguez Chartrand

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