TEORÍA E HISTORIA. De Ludwig von Mises/ Gabriel Zanotti 

TEORÍA E HISTORIA. De Ludwig von Mises.

Nota introductoria, Por Gabriel J. Zanotti.

Prólogo al libro Teoría e Historia, de L. von Mises.

4. Una clave tardía de interpretación.

Al menos, muy seguro se lo ve al respecto a F. Machlup, quien, en su ya citado clásico ensayo del 55, coloca a Mises dentro de una tradición a priori de la economía, junto con otros pensadores que habrían rechazado al “ultraempirismo” en economía. Claro que Machlup se maneja dentro de una concepción muy amplia de lo “a priori” y muy estrecha de lo “empírico” (por lo cual el único acusado de ultra-empirismo resulta ser T. Hutchison).

Pero es entonces cuando Machlup recibe la clásica contestación de Rothbard, que defiende al “extremo apriorismo”. La “interpretación Rothbard” es la que ha prevalecido en los más ardientes defensores de Mises. Y es una interpretación difícil de rebatir, porque este fidelísimo y prolífico discípulo no hace más que recordar los párrafos más desafiantes de Mises al respecto. Y efectivamente parece que Rothbard tiene razón. Uno puede releer a Mises según la epistemología post-popperiana, pero Mises hubiera rechazado esa relectura (además, recuérdese que contrariamente a Hayek, Popper es un autor casi inexistente en Mises). La praxeología no sería parte de un núcleo central que puede llegar a ser abandonado si el investigador considera o decide que es empíricamente regresivo. La praxeología tendría verdad y certeza y no tendría por qué ser relacionada con ningún proceso de corroboración por más elástico, amplio y “filosófico” (hermenéutico) que éste fuere. Idem la economía. Por ende, muy bonito nuestro intento de “poner al día” a la epistemología de Mises pero son sus propias posiciones las que convierten en “teoréticamente regresivo” a nuestro intento, cosa que ya fue intentada, además, por M. Rizzo en un clásico ensayo.

Pero otro intento de salvar esta cuestión sería decir que “en realidad” Mises incorporaba cuestiones “empíricas”, “no a priori”, aunque él pretendiera llamarlas “condiciones del mundo real” e insistiera que ellas “de ningún modo” contradecían el carácter apriorístico de la praxelología y la economía.

Se podría decir ante esto que, desde “fuera” de Mises, esto podría ser verdad, y por dos razones. La primera es que claramente, sus famosas condiciones del mundo real podrían ser leídas como hipótesis auxiliares de su programa de investigación (y, efectivamente, su discípulo Hayek, sobre la base de algo parecido, terminó elaborando una epistemología de las ciencias sociales con fuertes similitudes popperianas). La segunda razón es que muchos de nosotros (no los discípulos y colegas mucho más cercanos a él como Machlup y Hayek) hemos sido formados (comenzando por el mismo Rothbard) en el Mises de la post-guerra, en ese Mises referido al principio. Es el Mises de La Acción Humana. No es poco, claro, pero el Mises anterior tampoco fue poca cosa. Era un Mises que desde un punto de vista tanto teorético como práctico tenía un manejo de la histórico, de lo concreto, e incluso de lo que se considera “datos” realmente asombroso. No debemos olvidar que, desde 1909 hasta 1934 (año en el cual emigra primero a Suiza) Mises tenía un trabajo full time como asesor de la Cámara de Comercio Vienés. Por qué no había conseguido tampoco en su querida Viena una posición académica que le permitiera vivir de la docencia universitaria (cuando sus méritos académicos para ello eran sencillamente incuestionables) es otra mancha que esta vez cae, y tal vez de peor modo, en Europa. Pero Dios permite los males en función de un bien mayor. La cuestión es que ese Mises práctico, que comienza a ser ahora conocido gracias a los esfuerzos de Richard y Ana Ebeling, no tenía nada que envidiarle a lo que hoy llamaríamos un economista de coyuntura. Incluso, el primer libro de esos “lost papers” fue dedicado a las propuestas que el siempre europeo Mises escribe a partir de su llegada a los EEUU, proponiendo planes concretos de reforma para la futura Europa de la post-guerra, y no sólo para Europa sino también para México (en este caso, para escándalo, tal vez, de algún ultra-apriorista, con manejo de estadísticas y propuestas de transición progresivas y graduales en materia arancelaria, por ejemplo).

Pero no se trataba sólo del Mises asesor de la Cámara de Comercio Vienés. El Mises “teórico” había escrito ya dos monumentales obras –Teoría de la moneda y el crédito (1912) y Socialismo (1922)- que de ningún modo eran sólo deducción de teoremas a partir de axiomas praxeológicos. Nuevamente, el análisis de la historia y la situación concreta de Europa y del mundo, más su manejo de la historia política de Occidente eran casi “la base en medio de la cual” su teoría iba emergiendo. Es más, hasta se podría decir de modo audaz y desafiante que hay partes de la “Teoría de la moneda y el crédito” donde la abundancia de casos históricos tratados parece comprometer a la “teoría” propuesta por Mises.

Por supuesto, esta segunda razón podría ser fácilmente contestada por Mises desde sus “desafiantes” apriorismos. Todos esos análisis “prácticos” podrían ser leídos fácilmente como el sentido que, precisamente, la teoría le da a la historia. Esto es, todos esos análisis no elaboran la teoría, y menos aún la corroboran o refutan, sino que son fructíferos en la medida que son hechos desde una teoría a priori de la cual tiene Mises certeza apodíctica. Por más que nosotros, con Hayek y Popper in mano, consideremos a esos escritos como “predicciones”, parecidas a las pattern predictions de Hayek, y por más que las coloquemos como parte esencial de una progresividad empírica de la teoría de Mises, no por ello este último lo vería así. Al contrario, los vería como la simple posibilidad de “leer” lo singular y concreto desde lo teórico que le da sentido. Exactamente el mismo sentido que le sigue dando a la teoría y a la historia en el libro llamado….. Teoría e Historia.

El punto más débil es el primero. Las “condiciones del mundo real” son la cruz del sistema misiano. No tanto su concepción de lo a priori o lo del experimento empírico, que, como vemos, se pueden releer según la epistemología actual…. Inclusive. El problema consiste en que aún desde esta relectura, esas “condiciones del mundo real” difícilmente puedan verse de otro modo que como “premisas adicionales” que no pueden ser deducidas apodícticamente de los axiomas de la praxeología. E incluso desde la perspectiva de Mises, él utiliza expresiones que ponen en tensión a su sistema. La desutilidad del trabajo “is a datum”. “Experience teaches” que la acción cooperativa es más eficiente. En el mercado de bienes presentes y futuros, la tendencia a la “equalization” es producida por “…the striving of bissinessmen”. Son “psychological factors” los que explican cuán lejos puede llegar la expansión de los medios fiduciarios. Y no estamos hablando de cuestiones marginales. Son el eje central de cuestiones tales como el mercado laboral, la división del trabajo, la tendencia al equilibrio en el mercado de capitales (con toda la importancia que la teoría monetaria tiene en la Escuela Austríaca) y el funcionamiento de un mercado libre en materia monetaria. Y podrían citarse algunos ejemplos más y no de menor importancia.

Estamos llegando a un punto clave que nos explica la importancia de un libro como Teoría e historia, publicado en 1957, cuando Mises tenía 76 años.

Cuando un autor se acerca a un punto particularmente tenso y difícil de su propio sistema, y, sin embargo, lejos de desanimarse, lo vemos “insistir” en él (Lakatos llamaría a esto una permanencia en el núcleo central a pesar de las anomalías) entonces estamos en óptimas condiciones de ver qué le preocupa “en el fondo”. O qué es lo que “más” le preocupa. En ese caso nos acercamos a una de las propuestas básicas de la hermenéutica de Gadamer, a saber, leer un texto como una respuesta a una pregunta. Cuando hicimos esa breve exposición de la posición de Mises para las ciencias sociales, hubo tal vez una sensación de “si, ¿y qué?”. Eso es, por más respetuosa que sea nuestra actitud para con un autor, nos queda una sensación de perplejidad si vemos sólo el “qué” sin el “por qué”. Una respuesta no se entiende sino desde el horizonte combinado de preguntas de autor y lector. Por ende, sin las preguntas del autor –por más importantes que sean las del lector- al autor no se lo “entiende”. ¿Por qué Mises “insiste denodadamente” en el a priori, en esas expresiones tan desafiantes –que la praxeología es como la matemática, que es universal, a priori, absolutamente necesaria, etc- y las traslada a la economía al mismo tiempo que utiliza expresiones que denotan una real utilización de premisas no deducidas de la praxeología? ¿Qué es lo que dependía de ello? ¿Qué dependía “tanto” de ello que, de caerse, se caía todo el sistema?

Eso es lo que en nuestra opinión contesta Teoría e historia pero, antes de seguir en 1957, debemos volver a 1871.

Como sabemos, en ese año sale publicado Principios de economía de Menger, que es el libro que convierte a Mises en economista y, particularmente, en economista austríaco. Obviamente no es el momento para analizar las peculiaridades de este libro, sobre el cual sobreabundan comentarios; lo que queremos destacar ahora es el conocido tema del debate metodológico en el que Menger se encuentra. Si bien su libro sobre tal tema es posterior -y con similares tensiones a las referidas en Mises- en Principios de economía se encuentra totalmente “en acto” la idea y el desarrollo de una teoría económica universal, válida para todo lugar y tiempo. La base para tal universalismo y, otra vez, teoría a priori, no es Kant, en este caso, sino cierto aristotelismo. Lo importante a efectos de esta introducción es que eso sirve a Menger para refutar a su permanente “enemigo” teórico e ideológico, el historicismo alemán, personificado sobre todo en la figura de G. Schmoller. La idea básica de este historicismo es que no hay una teoría económica universal, sino que todo depende de cada caso concreto, de cada situación histórica. Por supuesto, desde un punto de vista filosófico y metodológico había en ese historicismo cierto inductivismo para las ciencias sociales, según el cual se supone que la observación de los “hechos” históricos son lo primero y la elaboración, siempre a partir de ellos y relativa a ellos, de ciertas teorías, lo segundo. Y había también un marcado colectivismo metodológico: la base de análisis eran ciertos “agregados” sociales (nación, raza, clase, pueblo). En este caso los agregados privilegiados eran la nación y el pueblo. ¿Y tal vez la raza? Tal vez. Esta pregunta retórica nos abre al tema que sigue.

Mises “hereda” totalmente este debate en su pensamiento. Sigue a Menger en la elaboración de una teoría económica universal, válida para todo lugar y tiempo, y ya hemos visto de qué modo. Pero además tiene una mayor conciencia de las tendencias políticas e ideológicas presentes en el historicismo. El historicismo alemán presentaba una excelente justificación para el intervencionismo, dado que era una obvia negación de algo que para Mises era central: la existencia de leyes económicas válidas para todo lugar y tiempo, las cuales son un obvio límite para una acción gubernamental cuyo voluntarismo político suponga que pueda actuar sin consecuencias. Su colectivismo metodológico era además un camino fácil hacia el totalitarismo, totalitarismo que no es sólo el marxista sino también el nazi, que emergió trágicamente en el horizonte cultural alemán a partir de las nostalgias sobre “la nación y el pueblo”.

Lo que se juega, por ende, en este debate, es mucho. El debate epistemológico sobre la economía tenía consecuencias graves desde el punto de vista social y político. Si no hay una economía válida para todo lugar y tiempo, la omnipotencia gubernamental tiene las puertas abiertas. Y en el caso del europeo Mises, con el nacionalismo alemán incipiente, devenido luego en el nazismo, esto no es broma.

Ahora bien, una economía válida para todo lugar y tiempo tiene que ser elaborada, precisamente, a priori de la historia. Tiene que ser, precisamente, esa praxeología desde la cual la historia si, entonces, tiene sentido. Esa praxeología y su rama mejor desarrollada, la economía, deben ser totalmente deductivas porque, de lo contrario, se corre el peligro de que se “infiltre” cierto relativismo histórico que tire abajo el edificio teorético. Si las “condiciones del mundo real” fueran ellas mismas históricas, la historia se “fundiría con” (con-fundiría) con la teoría y esta última, en cuanto tal, quedaría destruida. Es como si a Kant le hubieran dicho que tal o cual juicio sintético a priori de la física formara parte esencial de las categorías a priori del entendimiento.

Es por eso que este libro, Teoría e historia, nos da una clave “tardía” para la comprensión del pensamiento de Mises. Todo el libro es una reafirmación de la teoría frente a una incorrecta forma de ver las ciencias sociales y la historia, que traen como consecuencia el avance del totalitarismo. Mises nunca dejó de luchar contra el historicismo, contra el relativismo histórico, contra el positivismo, contra el materialismo marxista, contra diversos determinismos históricos. Lo que estaba en juego era la supervivencia de la economía misma como ciencia y, con ello, de la misma civilización occidental. Esto parecerá una exageración pero dejaremos ese punto para después.

Prólogo al libro Teoría e Historia, de L. von Mises. Gabriel J. Zanotti

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