MÁS SOBRE LA ESCUELA AUSTRIACA DE ECONOMÍA VII: EL SOCIALISMO / Gabriel Zanotti

2) Los tres factores de inevitabilidad del socialismo​

a) La lucha de clases: Esta tesis es un derivado de la teoría de la natural oposición de intereses entre los diversos grupos sociales. Según esta tesis, por ejemplo, los intereses de empresarios y obreros son naturalmente opuestos: la ganancia de unos no puede derivarse sino de la pérdida de los otros.

Ahora bien: la teoría de la lucha de clases sostiene que la consiguiente “lucha” violenta entre las clases sociales es un factor de evolución social, pues tal lucha favorecería la revolución y por lo tanto aceleraría la implantación de la dictadura del proletariado.

Allí se encuentra el principal error de la tesis. Nociones básicas de sociología que vimos en el Capitulo II nos enseñan que la condición necesaria para la existencia de la sociedad es la ley de la división del trabajo (capítulos II y VII). Y dicha ley implica necesariamente, paz entre los diversos miembros de la sociedad. División del trabajo implica que Juan comerciara con Pedro y viceversa; pero tal comercio no se producirá si ambos están luchando entre sí.

​Tenemos entonces que sociedad implica división del trabajo y división del trabajo implica paz.

Ergo, sin paz no hay sociedad. Por ende, cualquier cosa que altera la paz no hará precisamente “evolucionar” a la sociedad. Por lo tanto, cualquier teoría que presente a la lucha como factor de evolución social es falsa. La lucha altera la esencia de la sociedad. Nunca podría hacerla evolucionar.

b) La teoría de la pauperizacion creciente: esta teoría sostiene que bajo el capitalismo las masas se irían empobreciendo en forma creciente y paulatina, de manera que cada vez habría más pobres al lado de unos pocos ricos.

De todo esto nos hemos encargado ya de mostrar su falsedad, en el Capítulo V. Como demostramos allí, imposible es que bajo el capitalismo las masas se empobrezcan paulatinamente, pues la acumulación constante de capital que bajo tal sistema se produce determina el aumento de la utilidad marginal del trabajo, cosa que implica el aumento de salarios reales a medida que crece la tasa de capital. Luego, imposible es un empobrecimiento continuo y creciente bajo el capitalismo. En el Capítulo V hemos hablado suficientemente de tal verdad.

Ahora bien: como se podrá observar, esta teoría también supone el natural choque de intereses entre las diversas clases sociales. Es interesante observar que tal cosa no sólo la supone Marx, sino todas las teorías que sostienen que “los naturales choques del «capital» y el «trabajo» “, deben ser arreglados en forma pacífica y si es posible con el estado como árbitro. Tales opiniones difieren de la de Marx en la no utilización de la violencia para solucionar los conflictos, pero dan como tacita la existencia de los mismos, en forma natural en la sociedad, tal como la teoría marxista lo supone. Tales conflictos se dan inherentes al capitalismo. Solo la revolución -según los marxistas- o la intervención de los poderes públicos -según los intervencionistas modernos- pueden remediarlos.

Tal es la “filosofía social por hoy imperante”, como von Mises la ha llamado. La sociología misiana y la economía austriaca nos demuestran, sin, embargo, que en la sociedad no existen conflictos entre los intereses de los grupos (sectores de diversos y siempre cambiantes niveles patrimoniales) sociales. La ganancia de unos no implica la pérdida de otros. Por ejemplo, en el Capítulo V nos hemos encargado de de mostrar que el deseo de ganancias de los empresarios lleva a éstos a incrementar sus bienes de capital para mejorar su producción. Tal cosa produce un aumento en la utilidad marginal del trabajo y por ende suba de los salarios reales. Como vemos, el hecho de que el empresario gane no implica que el obrero pierda. A este le aumenta inexorablemente el salario merced al aumento de la cuantía de capital, que implica inversiones que también significan ganancia para el empresario. El hecho del aumento constante del salario real bajo el capitalismo en forma natural y constante refuta la teoría de la pauperización creciente y la teoría del conflicto de intereses que dicha teoría supone.

Pero es importante concluir con el análisis de la teoría de la plusvalía marxista. Hemos visto ya que las largas jornadas laborales y los bajos salarios no eran fruto de una maléfica explotación sino efecto de la baja cuantía de capital, que implicaba baja productividad y poca demanda de trabajo, de lo que resultaban esos dos factores desfavorab1es para e1 obrero.

Ahora bien: ¿cómo funciona el esquema de la “plusvalía” marxista? Marx partía de su teoría del valor trabajo, según la cual el valor de un producto es igua1 a1 trabajo en que hay en é1. (Ya hemos visto la falsedad de tal concepción en el Capitulo II.) Así lo expresa Rothbard en “La esencial de Mises”: “los clásicos llegaron a sostener que el valor, en definitiva, dependía del “costo” de producción, por lo que podía afirmarse que derivaba del número de horas laborales invertidas en el correspondiente proceso”.

Es decir: para Marx, la única fuente de valor es el trabajo. Por lo tanto, ¿de dónde obtiene el empresario su ganancia? Obviamente, según tales premisas, de la fuerza laboral del obrero. ¿Pero cómo? De este modo: imaginemos que el obrero gana $ 6 por 12 horas de trabajo. ¿Debemos suponer que el obrero recibe el valor integro de su trabajo? No, desde 1uego. Dado que el valor depende del trabajo, para Marx, entonces e1 obrero debería ganar en ese caso $ 12 por 12 horas de trabajo. Pero recibe $ 6. Los otros $ 6 serían retenidos por el empresario, como “plusvalía”. O sea que la ganancia empresarial es fruto del trabajo hecho y no remunerado, según e1 marxismo.

Pero ya vimos suficientemente -y temo cansar al lector repitiéndolo- que no es tal el origen del salario y 1a jornada laboral. Si el obrero recibía $ 6 por 12 horas, era porque la alta oferta de trabajo y la escasa demanda del mismo determinaban $ 6 en el mercado, y si trabajaba 12 horas era porque la productividad de su labor era baja lo cual le obligaba a utilizar 12 horas para producir algo por lo cua1 ganar $ 6; baja productividad determinada en la época por la escasa cantidad de herramientas apropiadas. Ahora bien, a medida que fuera aumentando la productividad del trabajo, por el aumento de los bienes de capital, el obrero notaría que para producir algo por lo cual ganar $ 6, se necesitarían 8 horas – por ejemplo- en vez de 12. La jornada laboral se iría reduciendo naturalmente y la utilidad marginal del trabajo aumentando. Y, como vimos en el capítulo dedicado a trabajo y salarios, cuando aumenta la tasa de capital, el límite mínimo de salarios de mercado es mayor. En un país desarrollado puede usted ofrecer 1 dólar por mes a un operario industrial, pero nadie aceptará su oferta sencillamente porque la demanda de trabajo es alta y el salario ofrecido es mayor. Un salario real elevado, fruto de la economía de mercado sostenida en el tiempo, no depende de la buena voluntad de los empresarios. Depende de la mayor demanda de trabajo que sólo se produce con más ahorro e inversión.

Nos queda, por último, que el concepto “clase social” que utiliza Marx en sus escritos señala algo que no existe en la sociedad liberal, si por “clase” se entiende un sector social rígido, que carece de movilidad hacia otros. Menos aún si se define por su oposición dialéctica a otra clase. Muy por el contrario, en el mercado libre existen diversos niveles patrimoniales que pueden variar constantemente. Si un obrero ahorra, forma un capital, con él pone un pequeño negocio y tiene éxito, de obrero se transformará en empresario. Caso contrario puede suceder con un empresario que pierde por haber cambiado los gustos del consumidor por no haber sabido administrar los recursos; se queda sin nada y debe emplearse. (Excepto, claro, que ambos casos se den en una América Latina plagada de intervenciones y controles estatales). Luego, el concepto “clase” señala un término sin correlato ontológico. Las castas y clases sociales no existen en la sociedad liberal (o capitalista). La movilidad social es una de sus características sobresalientes, junto con la total y absoluta igualdad ante la ley necesaria para tal movilidad.

c) La teoría de la concentración monopolística: esta teoría sostiene lo que fuera refutado en 1a parte II del Capítulo II: el capitalismo tiende a la formación de monopolios. Vimos ya, sin embargo, los siete factores antimonopolísticos que en e1 mercado libre tienden precisamente a la no formación de monopolios. Creo que nada hay que agregar al respecto, salvo que, precisamente, es en 1a sociedad socialista donde el concepto “monopolio” se da con toda rigurosidad. Allí sí que existe, con toda su fuerza, un “único vendedor”: e1 estado. El estado es el único que puede vender. Tiene legalmente e1 monopolio de todo. Y sabe muy bien que el mercado libre tiende a la competencia; de lo contrario no se preocuparía tanto de anular todo signo de libertad comercial, para que no aparezca algún peligroso competidor.

3) La evidente interrelación de las tres teorías.

Las tres teorías están evidentemente muy relacionadas entre sí. La pauperización creciente y la explotación, junto con la concentración monopolística de unos pocos muy ricos, acentúa la lucha de c1ases, preparando las condiciones óptimas para la revolución y la dictadura del proletariado.

Pero ya vimos que las tres teorías son falsas. Por ende, también es falso que el capitalismo tienda inexorablemente hacia el socialismo, pues recordemos que tal cosa se produce merced a los tres factores que señalan las teorías.

4) Conclusión

Las conclusiones del socialismo socio1ógico son, ergo, falsas. Derivan de premisas falsas. Por eso son tales. L. von Mises dijo todo esto en 1922 y parece que aún su mensaje no ha sido escuchado…

Por Gabriel Zanotti 

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