MÁS SOBRE LA ESCUELA AUSTRIACA DE ECONOMÍA VI: COMERCIO EXTERIOR/ Gabriel Zanotti 

7) Intentos de justificación de la autarquía: la teoría de la dependenciay el deterioro de los términos de intercambio.

Una de las más ingeniosas teorías esgrimidas para justificar la autarquía es la llamada “teoría de la dependencia”, que se complementa con la teoría del deterioro de los términos de intercambio. Constituye, aunque no en todos los casos, una extensión de la teoría de la explotación marxista a nivel internacional.

Sucintamente, la teoría expresa lo siguiente: los países ricos han logrado su industrialización merced a los ingentes recursos que obtienen a bajo precio de los países exportadores de materias primas. Esto se produce porque tales países están obligados a comprar productos industriales caros y vender sus materias primas a bajo precio, de lo que resulta un “secular deterioro de los términos de intercambio”, o sea, suma total de importaciones más caras que la suma total de exportaciones, de lo que resulta un constante desequilibrio negativo en la balanza de pagos. La causa de la pobreza de los países pobres es la riqueza de los países ricos, de quienes los países pobres serían sometidos y “dependientes”. La solución sería, pues, una activa protección arancelaria, para lograr la “sustitución de importaciones”. Analicemos todo esto.

La primera dificultad de lo que acabamos de exponer consiste en suponer que la causa del subdesarrollo de las naciones pobres es su concentración en las producciones primarias que luego se dedican a exportar. Eso implica desconocer el proceso de formación del capital, que detalladamente vimos en el capítulo V. El capital y la industrialización que este implica se produce en cualquier país, siempre que se cuenten con determinados requisitos, cualquiera sea la estructura productiva para la cual cuenta con mas productividad por unidad de inversión. Un país puede tener sus producciones principales en determinadas materias primas; cosa que no implica que no posea capital; precisamente, toda su industria estará orientada a la fabricación de los bienes de capital requeridos para una mejor explotación de esas materias primas. Los tres factores de producción -naturaleza, capital y trabajo- se concentran en aquellos renglones con más capacidad productiva, y tal es la manera de economizarlos.

Ahora bien: como dijimos, para ese proceso de capitalización son necesarios una serie de requisitos. Es necesario que no se contraiga el ahorro por la inflación (capítulo III), para lo cual es necesaria la estabilidad monetaria; es preciso que no se desaliente a la formación del capital con impuestos que graven las ganancias (capítulo VI); no se deben fijar precios máximos y mínimos que desalienten, frenen y desarticulen la producción (capitulo II); no se debe fijar tasas de interés falsas que provoquen malinversiones y derroches de recursos (capítulo V) ; no se debe desalentar y/o atacar a la propiedad privada, produciendo la fuga de capitales; no se debe, en resumen, interferir el libre funcionamiento del mercado. Sabemos bien que todos los países subdesarrollados no han aplicado e1 liberalismo económico. Luego, los países subdesarrollados son tales por no haber aplicado el liberalismo económico.

Canadá, Australia y Argentina, por ejemplo, presentaban hacia la década del 30-40 una estructura económica similar. Eran buenos exportadores de materias primas y competían en el mercado internacional por ubicar tales productos. En este momento (década 70-80) Canadá y Australia son países fuertemente industrializados, con alta tasa de capital, y no han abandonado la exportación de sus productos tradicionales. La Argentina, sin embargo, a partir del 40, comenzó a involucionar, y hoy somos uno de los tantos países no capitalizados del orbe. Y “da la casualidad” de que mientras Australia y Canadá siguieron aplicando políticas cercanas al liberalismo económico, la Argentina aplicó políticas inflacionarias, dirigistas, que atentan contra la propiedad, estatizantes y socializantes.

Analicemos ahora el problema de los términos de intercambio. A nosotros nos interesa el análisis teórico, aunque a título de información decimos que la teoría tiene dificultades incluso si se la compara con las mismas estadísticas que se presentaron para sostenerla (F. Pinedo, en “La Argentina, su posición y su rango en el mundo”). Ahora bien: la teoría no toma en cuenta los siguientes factores: a) el producto manufacturado o el bien de capital importado presenta mayor productividad que el bien primario exportado. Esa mayor productividad permite una mayor producción de los bienes primarios que se exportan, que compensa la diferencia Roberto Aiscorbe, en “El mito peronista”, así lo expresa: “La falacia de esta teoría, probada por economistas del calibre de Gottried Haberler consiste en que, si el quintal de trigo actual es aproximadamente idéntica al de 1900, y tiene las mismas propiedades nutricias y germinativas, en cambio la productividad de la máquina se ha multiplicado. En el caso del telar, si a comienzos del siglo tejía 100 metros por hora y requería la asistencia de 6 obreros, en la actualidad produce 1.200 metros por hora y es automático, siendo sólo necesario un sólo obrero para controlar la marcha de seis máquinas. Es decir que el nuevo telar produce más, gasta menos y ese beneficio supera el presunto “déficit de los términos de intercambio”.b) Si se produce en algún momento que nuestras exportaciones no alcanzan a pagar nuestras importaciones (cosa que es una balanza comercial libre se equilibraría solo, pero que aparece como un déficit cuando el comercio exterior está controlado por el estado) tal cosa se produce pura y exc1usivamente merced a la política económica que se aplica, estatista y dirigista, entre cuyas medidas se encuentran precisamente el querer asilarse en la autarquía mediante la protección arancelaria, produciendo tal cosa lo que ya habíamos explicado: el desvío de recursos de allí donde teníamos capacidad de producción (nuestras exportaciones) hacia donde no la tenemos. Eso reducirá, ergo, nuestra capacidad de producción en aquellos renglones donde éramos naturalmente eficientes, reduciendo, nuestra capacidad de exportación. Nuevamente, da la extraña casualidad que desde que la Argentina comenzó con políticas proteccionistas, dejó de ser “el granero del mundo”. ¡Pero qué extraña coincidencia!

c) La solución, pues, de sustituir importaciones para evitar el desequilibrio negativo en la balanza de pagos, no hará, ergo, más que agravar el problema, al hacer desviar recursos que utilizamos en la producción de nuestros bienes exportables para co1ocarlos en producciones ineficientes. La solución para desarrollar el país y tener gran capacidad de exportación y por ende de importación es aplicar el liberalismo económico. Tan solo dicho sistema puede capitalizar al país, desarrollándole en aquellos sectores en los que tenga una mayor productividad por unidad de inversión, creando, ergo, una industria fuerte, eficiente y sólida, tanto a nivel interno como externo.

Vemos entonces cómo la teoría de la dependencia no es más que una ingeniosa extensión de la teoría de la explotación marxista a nivel internacional: los países ricos explotando a los pobres… Esta visión sigue condenando a millones de personas en América Latina a la pobreza más extrema….

En síntesis: el principio básico que debemos extraer de este capítulo es el expresado al comienzo: los mismos principios que rigen el comercio interior rigen al exterior. La división internacional del trabajo aumenta el nivel de vida de los pueblos que la practican y afianza sus relaciones pacíficas, merced a la mutua interdependencia. Enseñar esto es una activa y eficaz forma de luchar por la paz y el bienestar de los pueblos.

 Por Gabriel Zanotti 

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