MÁS SOBRE LA ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA V: TRABAJO Y SALARIOS/ Gabriel Zanotti 

7) La desocupación

Hemos insinuado numerosas veces en este capítulo y en los anteriores –especialmente en el III, cuando analizamos la tesis que pretende solucionar la desocupación con la inflación– la causa de este fenómeno, enfermedad endémica de la economía occidental.

Se define a la desocupación como un sobrante de factor trabajo. Hay tres tipos de desocupación: la cataláctica, la friccional y la institucional. Las dos primeras son pseudodesocupaciones; porque como veremos, no se ajustan a la definición. Cataláctica es cuando hay gente que no ofrece sus servicios en el mercado laboral sencillamente porque no desea hacerlo. Friccional es la que se produce cuando quiebra una empresa y todos sus recursos se trasladan –incluidos el trabajo– hacia otras actividades. Como vamos, el trabajo no sobra (recordar el uso científico de la palabra “sobrar”, excedente de oferta sobre la demanda) sino que se traslada de un lugar a otro. Obviamente ese traslado tiene sus dificultades psicológicas, culturales y morales, que no estamos tratando aquí.

La tercera es la que se ajusta a la definición, esto es, un sobrante de trabajo.

Ahora bien: recordemos que un sobrante, en cualquier mercado, sólo puede aparecer merced a la fijación de un precio mínimo que expanda la oferta y contraiga la demanda.

Luego, en el mercado laboral un sobrante de mano de obra sólo puede aparecer merced a la fijación de un salario mínimo, que expanda la oferta y contraiga la demanda (de trabajo). Tal salario puede ser fijado por el estado o por los sindicatos por medio de la fuerza y la coacción. En ambos casos el resultado es el mismo: desocupación, con el perjuicio consiguiente para el obrero.

Por supuesto, la intención al fijar el salario mínimo es elevar el salario. Pero tal cosa sólo puede lograrse merced a un aumento en la tasa de capital, y la fijación artificial de salarios sólo agravará la situación al dejar sin trabajo a parte de la oferta laboral y provocar que –en el mercado negro de trabajo– el salario sea más bajo todavía, por el aumento de la oferta y la disminución de la demanda. Y como si esto fuera poco, sabemos que la fijación de salarios puede ser condición indirecta de la inflación, la que como sabemos reduce al obrero su salario real –es decir, la cantidad de cosas que con determinada cuantía de dinero se puede comprar– perjudicando nuevamente al obrero en su nivel de vida.

La causa, pues, de la desocupación crónica que sufren los países industrializados de Occidente no es un defecto intrínseco del capitalismo, como se afirma, sino precisamente todo lo contrario: la causa es la no aplicación de economías de mercado, pues es la intervención del estado, en este caso fijando los salarios, la que provoca el fenómeno. En un sistema liberal o de mercado, la desocupación no existiría, al tender constantemente la oferta y la demanda de trabajo al equilibrio por la vigencia del salario libre. En esto consiste, pues, la única solución al problema. Toda la oferta de un determinado producto puede ser vendida en el mercado al precio que permita al mercado absorber dicha oferta. Yeso es lo que el salario libre se encarga de hacer en un mercado libre de trabajo. Las políticas keynesianas, como vimos, no sólo no solucionan el problema sino que lo agravan, al provocar –por la inyección de crédito– las crisis cíclicas. Las obras públicas, por otra parte, tampoco son la solución al problema. Si son hechas con impuestos, debemos recordar que éstos implican extraer recursos del sector privado para volcados al estatal. Consecuentemente, hay cosas que se dejarán de hacer en el sector privado, y cosas que se harán en el estatal, lo que implica una reducción de la demanda de trabajo en el primero y un aumento de la misma en el segundo. Luego, la demanda de trabajo, globa1mente, permanece igual y el problema subsiste. y si las obras públicas se financian mediante la emisión monetaria, peor que peor, pues eso provocará todas las consecuencias que hemos considerado al tratar los efectos de la inflación.

Por Gabriel Zanotti 

Continuará…

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