MÁS SOBRE LA ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA IIII: TASA DE INTERÉS, AHORRO, INVERSIÓN Y FORMACIÓN DEL CAPITAL/ Gabriel Zanotti 

4) Las perturbaciones a la tendencia al equilibrio.

Las tan temidas crisis periódicas, luego, sólo pueden ser provocadas por factores extra-mercantiles como manipuleos gubernamentales en la tasa de interés. La teoría keynesiana, por ejemplo, sostiene que para solucionar la desocupación, nada mejor que otorgar a los empresarios “crédito barato” rebajando artificialmente las tasas de interés, ya sea por decreto o, como en general se hace, por una inyección de papel moneda en el mercado de capitales, que, al simular ser ahorro, produce el mismo efecto que un aumento del mismo, esto es, la baja en la tasa de interés. O sea, lo que fundamentalmente le preocupaba a Mises: la expansión gubernamental de medios fiduciarios.

Aquí comienza el proceso que finalmente desemboca en la tan temida crisis.

La baja artificial en la tasa de interés produce los efectos estudiados en ocasión de analizar el precio máximo (precio tope); se contrae la oferta de ahorros y aumenta la demanda de los mismos, pues ahora, con la tasa de interés más baja, a muchos inversores les es posible encarar proyectos que antes, con la tasa de interés más alta, no les era posible encarar o abordar. Existe, pues, un artificioso excedente de demanda sobre la oferta, excedente que sin embargo es “tapado” por el papel moneda inyectado que simula ser ahorro. Tal es el proceso de la expansión crediticia.

                                Interés libre

                          Emisión monetaria

 inversión​​                                Nuevos inversores

Ahorro retraído

I (Interés artificial o legal)

liso: situación del mercado de capitales libres (O = D)

punteado: situación del mercado de capitales interferido (O < D)

Comienza entonces, por el aumento de las inversiones artificialmente impulsadas, el primer período de la crisis: el “boom” o auge artificial. Tal período se caracteriza por un aumento en los precios de los bienes y servicios (recordar que hubo aumento en la cantidad de moneda circulante); aumento en la demanda de trabajo y aumento en las perspectivas de ganancia de los empresarios. Todo merced a las nuevas inversiones artificialmente impulsadas. Pero recordemos que las inversiones, en sí mismas; provienen del ahorro previo, como hemos probado. Y en este caso no hay ahorro, sino papel moneda. Esto implica que se producirá el siguiente proceso: en el momento de iniciarse la expansión crediticia, se podrían fabricar C1 (bienes de consumo) con P1 bienes de capital. La expansión induce a fabricar C3 (bienes de consumo), pero para C3 es necesario P3 (bienes de capital). Pero no hay ahorro, la condición necesaria para la formación de nuevo capital. Luego, P3 no existe. Eso implica que C3 no se podrá fabricar, como se había proyectado, lo cual implica que los nuevos proyectos que comenzaron a realizarse con intereses artificialmente bajos deberán cesar. 

Es como si un albañil decidiera hacer una casa, y al comenzar su trabajo, advierte que los costos reales son excesivos y no tiene los elementos para continuar su trabajo. Comienza entonces el período de depresión, .que el mercado señala con la suba repentina de las tasas de interés. Es decir, los empresarios descubren que no cuentan económicamente con recursos para proseguir sus inversiones; que las tasas de interés con la cual operaron en su cálculo económico fue un dato falso (artificialmente bajo). Hay quiebra de empresas, desocupación friccional y deflación. Tal es la consecuencia inexorable de la interferencia del gobierno en el mercado de capitales, tratando de lograr un mayor nivel de inversiones que el permitido por la cuantía de ahorro existente. Vemos, ergo, la evidente falsedad de la crítica tan común que sostiene que las crisis cíclicas son “defectos intrínsecos” del sistema capitalista. Precisamente, vemos que el resultado de la interferencia gubernamental en el mercado de capitales es precisamente la crisis cíclica; luego, nada que sea fruto de una interferencia estatal puede originarse en un sistema capitalista, pues en éste la interferencia estatal en la economía no existe.

Una vez iniciado el proceso de crisis causado por la interferencia estatal, es imposible impedir sus consecuencias. Lo que sí podemos hacer es detener cuanto antes la expansión crediticia, conscientes de que luego vendrá el inexorable y saludable ajuste, el cual será breve si corto fue el período de expansión. Es decir, cuanto más a tiempo detengamos el proceso, mejores serán las consecuencias; cuanto más tiempo dure la expansión crediticia, peores serán las características de la crisis (EE. UU. 1929; Alemania 1923; Argentina 1890; etc.).

Esto nos muestra por qué muchos economistas contemporáneos tienen ungran problema para solucionar la inflación o la desocupación, porque en cierto paradigma keynesiano, la una se cura con la otra y viceversa. Creen que para solucionar la desocupación se necesita la expansión crediticia. Pero como vimos recién, tal cosa provoca inflación (y por otra parte más desocupación en el período de depresión). y cuando se quiere frenar la inflación, proveniente de la expansión crediticia, tiene que frenar la expansión cosa que hará ver inmediatamente la malinversión que se produjo en esa expansión, comenzando pues las quiebras y los despidos. Según esto sería imposible curar la inflación sin producir desocupación, o viceversa. Pero esos problemas no existen en el análisis austriaco. Para éste, es bien claro que no se debe recurrir a la expansión para solucionar la desocupación, pues tal cosa empeora las cosas -–como vimos–. Pues como con mercado laboral libre no existe desocupación, como veremos en el Capítulo V, debe liberarse el salario, dejándolo fluctuar libremente, para así provocar la tendencia a la igualación entre la oferta y la demanda de trabajo. De igual modo, al frenar la expansión crediticia, se mantiene el salario libre de manera que el factor trabajo mal invertido no encuentre problemas de reubicación.

Si no queremos tener inflación, desocupación, crisis, quiebra de empresas, etc., no tenemos más que dejar libre los salarios, las tasas de interés, y por supuesto, no debemos emitir moneda. Eso es fácil. Lo difícil es convencer a los gobernantes de tales cosas.

 Por Gabriel Zanotti 

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