MÁS SOBRE LA ESUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA. PARTE III: MONEDA/ Gabriel Zanotti 

6) La solución de la inflación.

El lector tiene ya los conocimientos teóricos necesarios como para inferir, por sí solo, la solución al problema, al conocer las causas del mismo. En efecto, si el fenómeno es causado por un aumento en la cantidad de emisión de moneda y crédito, es evidente que un descenso en dicha cuantía producirá un aumento del poder adquisitivo de la moneda. Recordemos que al reducir la cuantía de unidades monetarias el valor de cada una –recordar la ley de la utilidad marginal– aumentará. Es por eso que dicha reducción no causará, como creen muchos, dificultades al comercio, pues con cada unidad podremos comprar muchos más bienes.

De ahí que podamos afirmar que la reducción de la cuantía de emisión de moneda y crédito producirá un descenso en el nivel general de precios. Para dar un ejemplo bien claro: imaginemos cuántos pesos o quetzales debemos pagar por un televisor. ¿Muchos, no es así? Ahora piense cuántos dólares debería pagar usted por ese mismo televisor. Obviamente, muchos menos, sencillamente porque cada dólar tiene más capacidad de compra –esto es, mayor poder adquisitivo– que cada peso. De igual modo, si cada unidad monetaria aumenta de valor, por la reducción de la cuantía de unidades, necesitaremos muchas menos de esas unidades para adquirir cada bien.. que compremos. Los precios, pues, bajarán, porque el medio general de intercambio tiene más valor.

Pero nos enfrentamos en este punto con dos delicados problemas. En primer lugar, la reducción de la cuantía de emisión implica, obviamente, la reducción de los gastos públicos que ocasionan la emisión monetaria. Es decir, es necesario que el gobierno elimine los gastos que excedan los ingresos del estado (déficit fiscal) y esto supone que deben ser privatizados y/o eliminados todos los entes estatales dedicados al comercio y a la industria; en una palabra, deben ser privatizadas todas las empresas estatales, ya que no es función del estado ser proveedor de servicios que pueden ser suministrados por el sector privado.

Es importante en tal período. liberar los salarios para evitar la desocupación, aunque obviamente el nivel general de salarios será bajo, hasta que el país vuelva a capitalizarse nuevamente. Los problemas políticos de esta medida escapan ahora a nuestro análisis; sólo queremos señalar que, desde el punto de vista de la teoría económica, la privatización no implica “necesariamente” desocupación institucional.

Pero existe un segundo problema. Imaginemos que ya tenemos las empresas privatizadas; que los gastos públicos propios del estado se cubren con impuestos; que no haya, en una palabra, emisión monetaria. Sin embargo, no hemos eliminado el peligro constante de que ello suceda, pues al estado nada le impide comenzar a emitir nuevamente cuando lo desee. Es decir, dejamos el nivel de inflación librado a la sabiduría y bondad de los gobernantes.

Pero así como no podemos dejar librados nuestros derechos individuales a la voluntad de los gobernantes, y para ello se han descubierto y aplicado sistemas de limitación al poder político, de igual modo debe aplicarse un sistema que impida a los gobernantes inflar la moneda.

Aunque no nos corresponde ahora recomendar políticas de transición, el lector puede elegir entre dos propuestas clásicas: la de Mises, que implica una progresiva vuelta a un mercado libre de monedas con cierta esperanza de que el mercado volverá a elegir un patrón metálico, o la de Hayek, que consiste sencillamente en la eliminación del curso forzoso por parte del gobierno. Ambas propuestas implican un free banking, asumiendo que el mercado libre implica un límite a la emisión de medios fiduciarios, como Mises aclara. Otros, sin embargo, se muestran partidarios de la propuesta de Rothbard, de mantener un encaje del 100%. Es un tema aún discutido en la Escuela Austríaca. Nosotros nos inclinamos por la posición de Mises.

Por Gabriel Zanotti 

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