MÁS SOBRE LA ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMIA. PARTE II, MERCADO Y PRECIOS/ Gabriel Zanotti 

El Mercado​

Entramos ahora en el estudio concreto de la economización de recursos en el marco social. Para ello debemos efectuar un análisis previo de la teoría del valor; luego definir a la sociedad y ver cómo se desarrolla en ella el proceso de mercado.

1) Teorías del valor y de la utilidad marginal

¿Qué es lo que otorga valor a los bienes? Ese es el problema que se intenta resolver en esta importante parte del análisis praxeológico.

Las primeras respuestas al problema del valor trataban de encontrar un elemento en el objeto o bien que determinará su valor. Es decir, partían de la premisa de que el valor es intrínseco a los bienes; algo que está en ellos, a causa de algún elemento, y entonces se trataba de descubrir cuál era ese elemento. Se trataba de encontrar el valor objetivo del bien.

Una de las respuestas “clásicas” al problema de la determinación del valor fue la citada por David Ricardo, conocida habitualmente como la Teoría del Valor-Trabajo, la cual sostiene que los bienes valen por el trabajo que esté contenido en ellos. La dificultad radica en que no se pueden explicar realidades tan sencillas como el hecho de que un sujeto encuentre una pepita de oro en el desierto y todo el trabajo del sujeto actuante consista en agacharse y levantarla. Sin embargo, el valor de la pepita de oro en el mercado es altísimo.

Otro ejemplo es el trabajo enorme que al autor le insumiría construir un avión. Cualquier avión de fábrica, que insume menos trabajo, obtiene en el mercado un valor muy superior, desde luego, al mío. De igual modo, es mucho más trabajo para mí pintar un cuadro que el que le tomaba a Picasso, y nuevamente los cuadros de este último tienen en el mercado más valor que los míos.

Otro factor sobre el que se teorizó, en la búsqueda de una respuesta al problema del valor, fue uno muy parecido al anterior: el costo. Las cosas valen por el costo en el que se haya incurrido para fabricarlas. La teoría choca con el mismo problema que la anterior: la falta de adaptabilidad a la realidad. En efecto, yo puedo incurrir en enormes costos al pintar un cuadro, sin embargo, su valor en el mercado sería muy bajo. Por otra parte, el sostener dicha teoría sería no tener en cuenta cómo funciona el sistema de pérdidas y ganancias en la empresa, en un sistema de economía de mercado.

Lo que queremos decir con ello es que el precio, tanto por parte de la demanda como por parte de la oferta, depende del precio que oferentes y demandantes “esperan” obtener en el mercado, y eso siempre depende de la demanda subjetiva. No implica decir que la decisión de producir o no tal producto no va a estar influenciada por sus costos. Justamente, si un oferente supone que el precio esperado es menor que los costos, posiblemente no se arriesgará a producirlo. Lo cual significa que, precisamente, la demanda subjetiva del bien en cuestión es el factor clave.

El análisis comienza a adelantar con la consideración del factor escasez, pero al otorgarle a tal factor un carácter meramente cuantitativo, numérico, esto es independiente de las necesidades subjetivas de las personas, entonces se continuaba en el problema. Las pelotas de fútbol cuadradas o los huevos rotos en la calle en una ciudad limpia, son muy escasos y no por ello son valiosos. Con el factor utilidad, en sentido objetivo, sucede el mismo problema. El aire que respiramos es útil, y, sin embargo, no haríamos gran negocio pretendiendo vender en el mercado botellas de aire.

 Pero las cosas cambian si consideramos la utilidad y la escasez en forma subjetiva, esto es de acuerdo a la necesidad subjetiva de cada persona y a su capacidad de compra. Podemos de esa manera deducir claramente la teoría del valor que se adapta a la realidad, es decir, la ley de la utilidad marginal.

(Profesor Gabriel Zanotti y amigos en uno de sus encuentros)

El hecho de que la utilidad sea subjetiva se desprende claramente de los conceptos praxeológicos. Habíamos establecido que actuar implica elegir los fines (que son ilimitados) y los medios (que son escasos) Ese acto de elección es la valoración. El sujeto actuante considerará útil, todo medio que sea idóneo para arribar al fin de su acción, mejorar de estado. Ahora bien tal estado de cosas, mejor para el sujeto actuante, depende del sujeto actuante. Imaginemos que yo soy herrero y Juan profesor de filosofía. Ambos pasamos por el mismo camino todas las mañanas. Un día aparecen en el camino tiradas una herradura y un ejemplar de La República de Platón. Yo paso y no le doy importancia. Pero Juan lo levanta, lo limpia, lo trata con sumo cuidado. Al contrario, yo levanto la herradura que Juan había dejado tirada. Es evidente que para mí, la herradura es más útil que La República, mientras que para Juan ésta es más útil que la herradura. La utilidad depende del sujeto; no es algo que esté intrínseco en los objetos.

La paradoja del valor, mencionada en el capítulo anterior, sigue aún sin resolverse, a pesar del paso adelante que hemos dado. Para mí el pan es subjetivamente más útil que un diamante, y sin embargo, valorizo más éste que aquel. Con el concepto de utilidad subjetiva; podemos ver que ya no tiene sentido distinguir entre valor en uso y valor en cambio. En realidad hablar de un valor en uso objetivo tiene que ver con una utilidad técnica del bien que no está implicada en la noción de utilidad subjetiva.

El valor en cambio se refiere al valor de un bien en la transacción comercial. Sin embargo, no hay dos valores sino uno sólo, pues si el sujeto actuante compra algo, es para usarlo en la escala de sus necesidades subjetivas. Por ejemplo si compro un martillo y lo cuelgo de una pared como adorno, ése es el uso que yo le doy al martillo, esa es la utilidad que para mí tiene.

Pero la paradoja de los valores se resolvió finalmente con el descubrimiento de la ley de la utilidad marginal. Dicha ley surge de la combinación de la utilidad y la escasez subjetivas, entendida la primera como la capacidad que determinado sujeto le asigna a determinado bien para satisfacer determinada necesidad, y la segunda como el significado que para determinado sujeto tiene determinada cantidad de determinado bien.

La ley de la utilidad marginal se explica del siguiente modo:

El hombre, al actuar, elige los fines, y los coloca en una escala valorativa. Al mismo tiempo, para llegar a esos fines se sirve de una serie de medios, que son los bienes (medios para la satisfacción de las necesidades). Esos bienes están constituidos por partes capaces de rendir el mismo servicio, llamadas unidades.

Imaginemos que dispongo de media hoja de papel, dividido en 5 unidades (5 hojas de papel), cada una capaz de proporcionar el mismo servicio. Luego ordeno mis fines (necesidades) en una personal y subjetiva escala valorativa. La primera hoja la empleo para realizar un ejercicio de lógica; la segunda para escribir un poema; la tercera para practicar caligrafía; la cuarta para probar mi lapicera y la quinta para limpiar el escritorio. Observamos que a medida que aumenta el número de unidades del bien, el valor de la última unidad (que se denomina valor marginal; así como la última unidad es la unidad marginal) va descendiendo, pues esa unidad se utiliza para el grado más bajo de prioridades del sujeto; caso contrario sucede si desciende el número de unidades, entonces aumenta el valor de la unidad marginal, pues ésta se va empleando en las prioridades más altas del sujeto.

Utilidad marginal es, pues (recordar que útil es todo lo que sirve como medio para llegar a un fin), el valor de la última unidad. Como al reducirse la cuantía de unidades de un bien en una unidad nos vemos privados de la satisfacción que nos hubiera brindado la última unidad (si yo hubiera tenido 4 hojas en vez de 5 no hubiera podido limpiar la mesa), decimos que el valor de cada unidad es igual al valor de la unidad marginal (la última).

Por ende, a medida que va aumentando la cuantía de unidades de un bien, el valor de cada unidad va descendiendo; caso contrario a medida que disminuye la cantidad de unidades de un bien el valor de cada unidad va aumentando; por eso un vaso de agua vale más en el desierto que en la ciudad (en esta última hay más cantidad de vasos de agua que en el primero).

Es decir, el valor de las unidades formado por un conjunto de n unidades es menor que el valor de las unidades de un conjunto formado por n – 1 unidades, y mayor que el formado por las n + 1 unidades. Tal es la ley de la utilidad marginal. O sea, cuantas más unidades valorizadas haya, menor es el valor de cada una de esas unidades.

Tenemos, pues, resuelta la paradoja del valor. El aire me es más útil que un diamante; sin embargo, la cantidad de unidades de aire es obviamente mayor que la de los diamantes; de ahí que el valor del aire, inferido de esta combinación de la utilidad y escasez subjetivas, sea menor que el de los relojes. De igual modo, la ley de la utilidad marginal explica por qué el sujeto actuante valoriza más un vaso de agua en el desierto que en la ciudad: en esta última, la cantidad de aquellos es infinitamente mayor que en aquél.

Podemos ahora comprender más aún que el valor de un bien depende del sujeto y aun del mismo sujeto en diversas circunstancias. Si Robinson Crusoe cuenta con mucho alimento y poca ropa, valorizará más a esta última con respecto al primero; al contrario sucederá si cuenta con mucho abrigo y poco alimento. No existe, pues, una escala universal de necesidades objetiva: todo depende del sujeto y las circunstancias que al mismo rodeen.

La ley de la utilidad marginal es pues el elemento de análisis indispensable si queremos entender en su intimidad el proceso del mercado, que pronto analizaremos.

Por Gabriel Zanotti 

Continuará…

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