EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS/ Ivo A. Sarjanovic  

EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS 

Ivo A. Sarjanovic  

                                    Conclusión

El énfasis puesto por Kirzner sobre la empresarialidad en su dimensión de puro arbitraje puede haber causado, inicialmente, algunos malentendidos que agudizaron las diferencias entre ambas corrientes. El objetivo de precisar con claridad la función empresarial lo llevó a sostener que “la función del empresario consiste no en alterar las curvas de costos e ingresos, sino en advertir que, de hecho, han cambiado” (la cursiva es del autor). Esta idea indicaría que sólo estamos en condiciones de explicar las modificaciones ocurridas en los precios, mientras tendríamos que considerar los cambios producidos en las restricciones fundamentales (preferencias, tecnología y recursos) como exógenos al proceso de mercado.

Para J. High esta visión es innecesariamente estrecha y limita una adecuada comprensión del orden económico. En todo proceso de mercado los distintos consumidores van modificando sus escalas de valores a lo largo del tiempo y los empresarios tratan de obtener beneficios ensayando novedosas tecnologías y buscando nuevas fuentes de recursos. Obviamente, estos cambios son tan endógenos al mercado como las modificaciones ocurridas con los precios. Por eso, “si miramos al empresario como mero perceptor de cambios en las curvas de costos e ingresos, no podemos explicar de dónde provienen esos cambios. Estamos restringidos al análisis de adaptaciones a cambios que aparecen misteriosamente”. Sin embargo, no debemos conformarnos con tomar estos sucesos como simplemente dados, sino que debemos incorporarlos a nuestro esfuerzo por entender todo el mercado, ya que estos cambios no son más que intentos deliberados, por parte de los distintos participantes en sus respectivos roles, de mejorar su situación en una dimensión diferente de la de los precios.

El hecho de considerar el proceso competitivo como un modelo diseñado exclusivamente para comprender la formación de los precios, así como el empeño en llamar movimientos desequilibradores a las modificaciones endógenas de las preferencias, recursos y tecnología, implica continuar atrapados en la idea neoclásica del equilibrio general. La competencia como un proceso coordinador se desarrolla en varias dimensiones, no únicamente entre los precios. Mientras que Schumpeter se dedicó a analizar la actividad empresarial como modificadora endógena de los “datos” de la economía, Kirzner, inicialmente, centró su atención en el proceso de la formación empresarial de los precios en un marco de restricciones determinadas en forma exógena. Pero, si cualquier oportunidad de mejorar en el mercado nos está indicando la existencia de un desequilibrio (no necesariamente entre precios), una construcción imaginaria más amplia que supere a la tradicional de equilibrio general nos permitiría integrar las distintas funciones llevadas a cabo por los empresarios con el objeto de iluminar mejor nuestra comprensión del proceso cataláctico. Esta nueva construcción no debería abarcar únicamente ajustes en los precios. Según Boudreaux “un concepto ampliado podría concentrarse en variables no-precio además de la variable precio. La competencia, y el equilibrio que ésta origina, podrían ser modelados no simplemente como la consecuencia de decisiones sobre precios de los vendedores, sino en cambio como la consecuencia de decisiones sobre precios y sobre variables no-precio por parte de los participantes en el mercado. Así, tanto el empresario de Schumpeter como el de Kirzner actuarían como una fuerza equilibradora en este sentido ampliado”.

Últimamente, Kirzner ha modificado su énfasis original, destacando el importante papel del empresario innovador en todo proceso capitalista. El innovador sería el encargado de posibilitar que se trasciendan los límites impuestos por las restricciones vigentes, ampliando el horizonte del proceso económico futuro. La idea de un mundo de “final abierto” (open- ended world) abre las puertas del indeterminismo, trascendiendo los confines del conocimiento presente.

En todo proceso de mercado el descubrimiento de nuevas oportunidades de beneficio provoca la alteración de distintos planes que se basaban en un conocimiento erróneo. La coordinación de información podría causar la discoordinación de acciones que se estaban llevando a cabo hasta ese momento. Por ejemplo, el ingreso de un nuevo competidor a un mercado determinado, ofreciendo sus productos a menores precios que los otros, causará por un lado la coordinación de bits de información dispersos entre los consumidores y el empresario recién llegado, y por el otro la discoordinación de los que se encontraban vendiendo a precios más altos. La idea de distinguir entre “coordinación de información” y “coordinación de planes” nos permite aclarar que, mientras la coordinación de información garantiza la coordinación de acciones, la coordinación de planes no implica necesariamente que la información dispersa se encuentre coordinada. Esto nos permite evitar el hecho de tener que considerar la actividad empresarial exitosa como desequilibradora en ningún sentido, como lo sugieren, en algunos pasajes, Lachmann y sus seguidores. Este pasaje de Hayek puede ser útil para aclarar esta distinción: “El descubrimiento de la existencia de nuevas y más favorables oportunidades relativas a la satisfacción de nuestras necesidades se traducirá en perjuicio para quienes, en condiciones diferentes, hasta ahora nos han estado prestando sus servicios. Adviértase, sin embargo, que los efectos de estas nuevas y más ventajosas oportunidades son, para la sociedad en su conjunto, de índole tan fundamental como el descubrimiento de nuevos recursos materiales. En efecto, quienes intervengan en la nueva transacción mercantil lograrán satisfacer necesidades con un menor sacrificio de recursos que antaño, recursos que podrán ser destinados a la producción de bienes o servicios adicionales, lo que redundará en beneficio de otros”.

La falta de conocimiento acerca del futuro de hecho dificulta la posibilidad del proceso de coordinación intertemporal. Si bien Lachmann y Schackle nos han permitido comprender los importantes problemas que se suscitan debido a la incertidumbre, no debemos caer en el extremo de negar la existencia de un sistemático proceso equilibrador a lo largo del tiempo. Sabemos que el empresario está capacitado para descubrir oportunidades futuras guiándose en parte por señales presentes. Para esta explicación, una adecuada comprensión del rol de la tasa de interés desempeña un papel fundamental. Sin embargo, Lachmann cae en el error de caracterizar el interés como el ingreso obtenido por los propietarios del factor capital, en lugar de considerarlo como la manifestación del ejercicio de la preferencia temporal. Esto lo condujo a conclusiones equivocadas acerca de la capacidad del mercado libre para alcanzar algún grado de coordinación a través del tiempo, La tasa de interés nos resuelve una parte del problema; en la dimensión temporal nos está indicando para cuándo producir, pero nada nos señala acerca de qué es lo que debe producirse. El descubrimiento de cuáles serán las preferencias de los consumidores en el futuro es la tarea del empresario en el proceso de mercado. Distintos empresarios enfrentados a la misma señal emitida por la tasa de interés formarán expectativas divergentes acerca del futuro. Como señala Kirzner: “Aún si dos tomadores de decisiones ven la realidad presente de idéntica manera, no hay razón para asumir que considerarán las perspectivas futuras de igual forma”. Las diversas expectativas se manifestarán al transcurrir el tiempo, algunas como acertadas y otras como erróneas, Esta consideración nos permite continuar a “mitad de camino” entre los extremos de, por un lado, la uniforme y correcta anticipación de los hechos futuros (coordinación perfecta) y por el otro, la uniforme pero inadecuada anticipación del mañana (imposibilidad de coordinación). Como señala Fehl, la diversidad de expectativas “es el precio qué la gente debe pagar por no estar en la posición de poder predecir los efectos futuros”. Las firmas que formaron expectativas incorrectas sufrirán pérdidas, mientras que aquellas que descubrieron las oportunidades futuras obtendrán beneficios, abriéndose así la posibilidad de una futura corrección coordinadora de los errores cometidos.

Por momentos, Lachmann parece rechazar la posibilidad de que el curso de los acontecimientos estuviera condicionado por circunstancias objetivas. Señala que en un mundo de cambio incesante no hay tal cosa como una realidad económica subyacente. El interés tradicional de los austríacos por los individuos que evalúan subjetivamente una realidad objetiva es así puesto en duda y reemplazado por la idea de que las restricciones fundamentales pasan a ser solamente las expectativas. Este divorcio de la realidad lo lleva a razonar de manera circular: las demandas de los consumidores están limitadas por sus respectivos ingresos, que están determinados por las decisiones de los empresarios, las que a su vez están basadas sobre las expectativas que han formado acerca de las preferencias futuras de los consumidores. Los extremos de Lachmann lamentablemente opacan contribuciones interesantes. Sus advertencias en relación con la incertidumbre han permitido precisar mejor la función empresarial en el tiempo pero, sin embargo, su idea de un mundo kaleidico, en el que los eventos futuros no guardan ninguna conexión con el pasado, hace imposible intentar cualquier tipo de anticipación de las acciones próximas a seguir por los demás agentes del mercado. De esta manera, la misma idea de la acción como comportamiento deliberado se convierte en un sin sentido. Todo queda así en manos de la suerte.

Adoptar la visión de Lachmann implica necesariamente abandonar el camino que Adam Smith comenzó a recorrer. Desde la idea de “la mano invisible” hasta el concepto de “orden espontáneo” hemos ido avanzando con éxito en la comprensión de esa tendencia inherente a todo proceso de mercado hacia un mayor grado de coordinación de los planes individuales. Abandonar este camino y adoptar el extremismo de la posición lachmaniana nos llevaría a renunciar al intento de hacer posible una ciencia económica. Sólo quedaría lugar para limitarnos a interpretar de manera ex-post acontecimientos del pasado. A pesar de que esta controversia puede haber distraído, en parte, la atención de algunos sobre el sistemático proceso empresarial de coordinación, sin lugar a dudas ha tenido la positiva consecuencia de habernos permitido ampliar y profundizar nuestra comprensión del funcionamiento del mercado libre.

Ivo A. Sarjanovic

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