EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS / Ivo A. Sarjanovic 

EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVASIvo A. Sarjanovic
 
El mercado como proceso

a) El mercado como un proceso en coordinación

Intentaré aquí precisar algunos de los elementos fundamentales de la visión compartida por von Mises, Hayek y Kirzner para compararla posteriormente con la postura de Lachmann y sus seguidores.

En coherencia con el individualismo metodológico sería útil caracterizar al agente económico que posibilita esta explicación del proceso de mercado. Kirzner lo llama agente misiano (por von Mises) para diferenciarlo del agente robbinsiano (por L. Robbins), que sería el actor de la versión neoclásica. Mientras el agente robbinsiano se ve limitado a reaccionar pasivamente frente a un marco de medios y fines dados o conocidos, maximizando eficientemente una función objetiva sujeta a una serie de restricciones, el agente misiano lleva a cabo una tarea que trasciende a la anterior, incorporándola y ampliando su alcance. El homo agens de von Mises no sólo persigue sus objetivos eficientemente dadas sus limitaciones informativas sino que también es lo suficientemente activo y perspicaz como para percibir cuáles son los fines a alcanzar y cuáles los medios de los que puede disponer. Esta actividad definida como empresarial está excluida por construcción del análisis neoclásico. Tenemos entonces que toda acción humana intenta resolver ambos problemas en forma única e integrada.


Todo individuo insatisfecho elabora un plan como paso previo a su actuar. Surge en esta etapa el punto crucial que complica a todo proceso de mercado: “el problema del conocimiento”. Este problema se suscita básicamente “porque dado lo inadecuado del conocimiento del que elabora el plan acerca de su verdadera circunstancia, su plan puede fallar para alcanzar un óptimo realizable”. El problema adquiere una dimensión aun más compleja si consideramos que cada uno de los individuos conoce cosas diferentes y que la información requerida, para que la generalidad de los planes resulten exitosos, se encuentra dispersa y dividida entre todos. El argumento a favor del mercado descansa en que éste “tiene armas para combatir (aunque no completamente para conquistar) el problema del conocimiento disperso”, posibilitando la coordinación de los planes de los distintos individuos que se encuentran sólo parcialmente informados.

Veamos ahora qué clase de mundo económico habita el agente misiano, y como correlato comprenderemos la naturaleza del problema informacional que impide alcanzar el equilibrio general del mercado. R. Garrison sostiene que para esta visión el mercado se encuentra “a mitad de camino”, entre la postura de aquellos que sostienen que dada la estabilidad total y la consecuente predecibilidad del comportamiento de las distintas variables relevantes para el actuar, el problema del conocimiento no tiene la magnitud antes planteada y por lo tanto la solución de equilibrio sería inmediata, y aquella otra que afirma que las variables fundamentales son tan volátiles y cambiantes que los individuos no tienen manera de enfrentar el problema informacional, haciendo que éste sea imposible de superar, descartando cualquier tendencia hacia un mayor grado de coordinación. Von Mises, Hayek y Kirzner rechazan estos extremos, ya que consideran que el individuo enfrenta circunstancias que no se encuentran ni fijas ni en un cambio incesante, y por lo tanto el agente económico puede ir descubriendo gradualmente cuáles son las variables que le interesan, superando en forma paulatina la limitación de su conocimiento. En el curso de este proceso de descubrimiento todo individuo necesariamente cometerá errores que, a medida que vayan siendo identificados, serán corregidos en una acción posterior, posibilitando de esta manera un proceder cada vez más adecuado, que en el plano interindividual conducirá a mayores niveles de coordinación. Sin embargo, debe tenerse siempre en cuenta que la coordinación recíproca de la totalidad de los planes no será posible nunca, ya que las variables, si bien no en forma continua, se van modificando, renovando como consecuencia el problema del conocimiento que enfrentamos.

La limitación de la información tiene dos dimensiones: la ignorancia acerca de los sucesos presentes y la incertidumbre sobre lo que ocurrirá en el futuro. Con respecto a la ignorancia el planteo propuesto por Kirzner difiere considerablemente del de Stigler. Si bien ambos rechazan el supuesto del conocimiento perfecto, la visión de la “economía de la información” no parece haber superado los confines del equilibrio. Para esta postura el conocimiento perfecto no se alcanza por una cuestión de costos: esto implica que no se llega a la coordinación plena de los planes económicos debido a los costos de recolectar la información necesaria. El agente económico debe conformarse con llegar a una situación de ignorancia óptima. La actividad de buscar información genera a veces más sacrificios que beneficios, y por eso debemos conformarnos con la información que hemos podido recoger hasta. el punto en que el beneficio marginal de un nuevo dato se iguala con el costo marginal de su adquisición. El agente económico en la concepción de Stigler no conoce una parte de los datos relevantes, pero sabe dónde buscar lo que no sabe. En cambio para Kirzner, el individuo actúa en un entorno de ignorancia genuina, en el que no sólo no sabe algunas cosas sino que tampoco sabe lo que aún no sabe. Sin restarle importancia a los procesos deliberados de búsqueda de información, una adecuada visión subjetivista del tema exige tener muy en cuenta aquel conocimiento sobre el que nada sabemos. La adquisición de este conocimiento, que será descubierto espontáneamente de manera gradual, no puede ser explicada recurriendo sólo al instrumento de la maximización. El elemento empresarial inherente a toda acción humana será el encargado de suplir la deficiencia. Todo individuo tiene, como ya vimos, una tendencia a trascender lo conocido, descubriendo así nuevas oportunidades que le permitirán modificar planes erróneos haciendo posible una mayor coordinación interindividual.

El paso del tiempo nos enfrenta ahora a la incertidumbre y al problema de la formación de expectativas acerca del futuro. Es en este punto donde surge la mayoría de las controversias con la corriente expuesta por Lachmann y sus seguidores. Según Kirzner, “cuando introducimos el paso del tiempo, las dimensiones a lo largo de las cuales la ignorancia mutua puede desarrollarse se multiplican”.63 La falta de consistencia (error) entre los planes de los agentes en el mercado presente es sólo un caso especial de la noción más general de inconsistencia entre planes presentes y futuros. Ahora la empresarialidad deberá ejercitarse no sólo en relación con oportunidades presentes aún no descubiertas, sino también con respecto a oportunidades futuras. La diferencia esencial radica en que en un marco atemporal podemos afirmar que las oportunidades están ahí, listas para ser descubiertas, mientras que a nivel intertemporal debemos admitir la posibilidad de que el empresario pueda, gracias a su imaginación y creatividad, ir bosquejando oportunidades futuras. Para Kirzner la incertidumbre no es más que la posibilidad de que lo anticipado difiera de lo que realmente sucederá. Sin embargo, considera que el empresario está dotado para descubrir las oportunidades que el futuro le va a ir presentando. Esto no implica de ninguna manera una posición determinista frente al paso del tiempo. Cuando se habla de descubrir oportunidades futuras o de anticipar el futuro correctamente a pesar de la bruma de la incertidumbre se está recurriendo, sin lugar a dudas, a una metáfora.

Como consecuencia de lo anterior, entendemos que toda acción empresarial exitosa será coordinadora de planes, sea con respecto a oportunidades presentes o futuras. Tanto el arbitraje, que sería una actividad atemporal en la que compramos y vendemos un mismo bien en forma simultánea obteniendo un beneficio, como la especulación y la innovación, en las que compramos y vendemos, obteniendo una diferencia luego de un determinado lapso de tiempo, un mismo bien o uno novedoso en cada caso, están cubiertos por el concepto más genérico de empresarialidad. La innovación, para Kirzner, también coordina los planes de los distintos agentes económicos y no es un factor de desequilibrio, como Schumpeter la consideraba. La posibilidad de innovar no sería más que el hecho de descubrir la oportunidad de crear determinada cosa.

El proceso de mercado surge entonces como la consecuencia de la interacción de los agentes misianos en un entorno como el arriba descripto. Un entorno que hace posible, dada la perspicacia de los individuos, que las oportunidades de intercambio beneficiosas para las partes sean sistemáticamente descubiertas, coordinando así planes que en un principio fueron incompatibles a causa de la ignorancia. En este proceso las oportunidades se manifiestan como diferenciales entre precios (existentes o esperados) de desequilibrio que, fruto del error, han surgido del intercambio entre individuos parcialmente ignorantes. La sistemática explotación de las oportunidades comunicadas a través de un conjunto de precios, en cierto sentido incorrectos, posibilita una coordinación más plena de los planes de los distintos individuos. Es necesario aclarar un punto sobre la idea de coordinación en su dimensión normativa y su relación con los precios. La gran utilidad de los precios de desequilibrio (los únicos efectivamente disponibles en el mercado) es que permiten a los empresarios descubrir gradualmente por medio de ellos las oportunidades aún desconocidas que surgen en un proceso que se encuentra coordinándose permanentemente. Los precios de desequilibrio, al contrario de los de equilibrio, no nos brindan la información adecuada para que, reaccionando pasivamente frente a ellos, lleguemos sin problemas a un estado de coordinación perfecto. Estos precios, si bien son señales imperfectas, son los únicos que tenemos a nuestra disposición para enfrentar el ineludible problema del conocimiento.66 Hayek, en distintas ocasiones, ha destacado también la gran importancia que otras instituciones, como por ejemplo algunas normas generales de comportamiento, tienen para reducir en algún grado la ignorancia inherente a todo proceso económico.

Toda esta explicación se basa sobre el supuesto de que el mercado está funcionando en forma completamente libre de interferencias, ya que en otro orden institucional no podría asegurarse que exista una actividad empresarial que necesariamente tienda a lograr un mayor grado de coordinación de planes. En un sistema intervenido los precios impuestos por las autoridades estimularían el descubrimiento de oportunidades no genuinas o impedirían la percepción de otras oportunidades que sí hubiera sido beneficioso descubrir.

Continuará…

http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/39_8_Sarjanovic.pdf

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