EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS/ Ivo A. Sarjanovic/ L. Lachmann

EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS Ivo A. Sarjanovic

L. Lachmann

La postura de Lachmann difiere sustancialmente de las ya expuestas. Su visión del mercado representa una aguda crítica no sólo al modelo neoclásico de equilibrio general, sino también a la explicación alternativa propuesta por Mises, Hayek y Kirzner. Lachmann, muy influido por el pensamiento ultrasubjetivista de G. L. Schackle, descarta tanto el equilibrio como la existencia de una tendencia coordinadora en el mercado. Para él, las fuerzas equilibradoras merecen igual tratamiento que las desequilibradoras, ya que ambas constituyen los procesos de mercado. Según las circunstancias, unas fuerzas prevalecerán sobre las otras generando procesos de diferentes características.


La tesis lachmaniana cuenta con un importante número de adherentes. Esta postura, más radicalizada que la anterior con respecto a la ortodoxia vigente, encuentra en la absoluta incertidumbre acerca de los acontecimientos futuros y en la consecuente subjetividad de las expectativas, obstáculos insalvables que hacen imposible cualquier intento de coordinación en un mundo en el que, para ellos, las variables relevantes se encontrarían en cambio permanente. Siguiendo a Hayek, sostiene que todo progreso en la comprensión de la economía es fruto de la aplicación cada vez más consistente del subjetivismo. Considera que la escuela austríaca necesita ampliar la dimensión del subjetivismo incorporando las expectativas a la ya tradicional subjetividad de las preferencias.

El objetivo de Lachmann es ofrecer un paradigma alternativo que haga inteligible en forma ex-post el proceso de mercado en términos de los planes elaborados por los diferentes individuos. Su idea central es que el mercado debe ser interpretado como un “proceso económico, esto es, un proceso en marcha, impulsado por la diversidad de objetivos y recursos y por la divergencia de las expectativas, siempre cambiando en un mundo de cambio inesperado”. Lachmann descarta la postura austríaca tradicional por considerar que aún contiene resabios del pensar mecanicista del siglo XIX que ha impregnado gran parte de la teoría económica.

A diferencia del pensamiento expresado por von Mises, Hayek y Kirzner, Lachmann no considera que en el mercado se originen únicamente actividades empresariales que al descubrir oportunidades van coordinando los distintos planes de los participantes del merca- do, ya que en esa trayectoria equilibradora se generan simultáneamente fuerzas discoordinadoras de igual importancia que las anteriores. El peso de los movimientos desequilibradores se va amplificando a medida que pasamos del análisis de la acción individual al análisis de la interdependencia entre los distintos mercados. Según esta óptica, ningún proceso tendría un resultado determinado: “Creer lo contrario, esto es, que un proceso finalizará en una posición averiguable en forma anticipada y prescindiendo de todo lo que pudiera suceder en la trayectoria hacia ella, sería retornar al paradigma del equilibrio y adoptar una de sus principales falacias”. 

A pesar de rechazar la utilización de la idea de equilibrio a nivel del sistema económico general, considera que existe un lugar legítimo para el mismo a nivel de la acción individual y en un mercado aislado de las influencias de otros mercados. El equilibrio de la acción individual o de la firma, entendido como la expresión de una acción consistente, representa una herramienta de análisis indispensable. La interacción entre planes formulados por distintas mentes comienza, en cambio, a plantear problemas. El equilibrio en un mercado aislado, al estilo del mercado de maíz marshalliano, admitiría todavía alguna utilidad. El mercader marshalliano enfrenta una tarea posible, a diferencia de la actividad del rematador walrasiano. En un mercado de las características descriptas por Marshall en una sección de sus Principles podría emerger una posición de equilibrio temporario. Este equilibrio sería de corta duración y de alcance parcial, ya que hay que aislar a ese mercado de la influencia de los demás mercados. Esta construcción, si bien tiene algún lugar en la propuesta de Lachmann, cumple un papel relativamente modesto. En cambio, el equilibrio general debe ser completamente descartado, ya que cuando consideramos su posibilidad lo único que estamos haciendo es suponer que las fuerzas equilibradoras tendrán más peso que las otras. Esto parece ser un supuesto innecesariamente irreal, en un mundo donde el cambio es incesante. Las fuerzas coordinadoras, tarde o temprano, sucumbirán en su viaje hacia el equilibrio. Obstáculos de distintos tipos les impedirán alcanzar un destino que ni siquiera puede ser previsto. La continua modificación en la distribución del conocimiento que los agentes poseen hace imposible pensar que el proceso tienda hacia alguna configuración en especial. En un mundo económico, con miles de mercados en interacción, en el que los desequilibrios de unos “salpican” a los otros afectándolos, no habría motivo para pensar que necesariamente se deba converger hacia una situación de equilibrio global. La dificultad radica en que toda actividad coordinadora generará la discoordinación de relaciones preexistentes. Vemos entonces que para Lachmann el mercado debe ser considerado como “un proceso sin principio ni fin”. 

En cuanto a la posibilidad de deducir lógicamente una explicación del funcionamiento del mercado, Lachmann adopta una postura ambigua. La lógica, sostiene, es inmanente a toda acción humana. Pero esto no implica que la lógica de la elección gobierne todo tipo de acción. En un mundo dinámico se presentan problemas que la lógica de la elección no puede superar por sí sola: “Mientras ésta explica el diseño de los planes económicos en condiciones dadas, la revisión de los planes a lo largo del tiempo, así como todo el espectro de los problemas de las expectativas, están fuera del reino de la lógica”.

Por esto, considerando la importancia primordial que las expectativas tienen en la propuesta de Lachmann, puede deducirse que una explicación exclusivamente praxeológica del fenómeno económico limitaría de manera considerable una completa comprensión de los procesos de mercado.

Revista Libertas VI: 11 (Octubre 1989) Instituto Universitario ESEADE http://www.eseade.edu.ar

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