EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS/ Ivo A. Sarjanovic/ L. von Mises

EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS
Ivo A. Sarjanovic

L. von Mises

Para L. Lachmann, Mises concibió la idea del proceso de mercado en 1910, pero no la formuló en forma explícita hasta la década del 30. Confirmando esta posición encontramos ya algunos atisbos en su Teoría de la moneda y el crédito (1912) cuando señala que: “El proceso por el cual la oferta y la demanda se acomodan una a la otra hasta que se establece una posición de equilibrio y ambas llegan a una coincidencia cuantitativa y cualitativa, es la puja del mercado”. (La cursiva es mía.)

Kirzner, por lo contrario, sostiene que von Mises, en su obra Socialismo, publicada en 1922, señalaba que la gran ventaja del mercado era su habilidad para generar precios que se aproximaban de manera considerable a sus valores de equilibrio. Von Mises pensaba en aquellos momentos que los mercados se hallaban continuamente próximos a sus posiciones de equilibrio, aun enfrentándose a datos cambiantes. 

Todavía no parecía advertir las diferencias que distinguen al análisis austríaco de las demás vertientes del pensamiento neoclásico. Por ejemplo, en 1932 von Mises afirmaba: “Dentro de la moderna economía subjetivista se ha vuelto costumbre distinguir varias escuelas. Habitualmente hablamos de la escuela austríaca, la angloamericana y la escuela de Lausanne […]. [El hecho es] que estas tres escuelas de pensamiento difieren solamente en sus modos de expresar la misma idea fundamental y que se las distingue más por su terminología y por las peculiaridades de su presentación que por la sustancia de sus enseñanzas”. (La cursiva es mía.) 


A pesar de haber sostenido esa posición durante aquellos años, ya en 1938, en un trabajo presentado en homenaje al economista francés Cournot, von Mises había articulado con más precisión su idea de los procesos de mercado y su relación con el concepto de equilibrio. En este trabajo sostenía: “La teoría general del valor y de los precios parte, por consecuencia. , en el análisis del mercado, de la idea de que los intercambios se producen hasta el momento en que ninguna de las partes obtendrá una ventaja adicional como consecuencia de un intercambio adicional”; y también: “La ciencia económica tiene por objeto, en el estudio de la actividad económica, analizar los cambios, y por eso puede ser considerada como una ciencia dinámica. El empleo de construcciones ficticias […] constituye un trabajo preparatorio para el estudio del cambio y del movimiento”. Vemos así que las construcciones imaginarias caracterizadas por la desaparición del tiempo, la ausencia del cambio y la total certidumbre acerca del futuro tienen únicamente por objeto facilitar la comprensión de la acción en su real dimensión temporal en un entorno de cambio e incertidumbre genuina. La interacción de los distintos individuos en un marco de estas características iluminará aspectos del mercado dejados de lado por el equilibrio general. Encontramos así el análisis de “la naturaleza del rol del empresario y de los beneficios” que están ausentes en una situación de equilibrio general competitivo. Las construcciones imaginarias, como por ejemplo la economía de giro uniforme, no pretenden en modo alguno representar la realidad, sino, por lo contrario, sólo intentan presentar una imagen que difiere tan esencialmente de la economía real que, confrontada con la complejidad, de la realidad económica, hace posible comprenderla tal cual es.

Al prever las críticas que podrían surgir contra la utilización de estas construcciones von Mises señalaba: “No se puede decir con justicia si el recurrir a esta construcción [por la economía de giro uniforme] es en definitiva útil o nocivo para la ciencia económica. Pero los errores que puede engendrar no provienen más que de una utilización incorrecta, pues es imposible no reconocer que constituye un medio de análisis indispensable para el estudio del rol de los empresarios y de la naturaleza de su función económica”.

Von Mises reconoce la crucial importancia de una utilización adecuada de la idea de equilibrio general y continúa progresando en su alejamiento de la escuela de Lausanne para articular una explicación alternativa del mercado. Por ejemplo, en Notes and Recollections, escrito en 1940, acusaba a Wieser de ser miembro de la escuela del equilibrio general y de no haber comprendido totalmente las implicancias del subjetivismo característico de la escuela austríaca. Para él, lo que distinguía a los austríacos de los otros programas de investigación era el hecho de haber creado una teoría de la acción económica y no una del equilibrio o la inacción. Esta teoría explica los precios que realmente se pagan en el mercado, y no los precios que se pagarían en un mundo bajo condicionamientos nunca realizables. Por esto afirmaba: “Debemos reconocer que siempre estudiamos el movimiento, pero nunca un estado de equilibrio”.

La idea de una economía de giro uniforme o de equilibrio general es útil debido a la tendencia, prevaleciente en cada acción, al establecimiento de la misma. Podemos distinguir aquí dos componentes estrechamente relacionados en su idea de tendencia hacia el equilibrio. En primer lugar recordemos que para von Mises la acción es un intento deliberado de pasar de un estado de insatisfacción a un estado más deseable. Toda acción tiende así a remover la insatisfacción para alcanzar un estado de reposo desprovisto de acción. Nada se señala acerca del éxito o fracaso de este intento. Nada impediría, al menos en este plano, la posibilidad de que estos esfuerzos no hayan logrado el objetivo previsto. Por lo tanto, el agente económico no habría alcanzado su equilibrio individual a pesar de su intención original. Este problema adquiere mayores dimensiones cuando pensamos en la interactuación de millones de individuos. Ahora el resultado de los planes de cada uno de ellos depende en gran medida del éxito o del fracaso de los planes de los otros participantes del mercado. A esta altura es donde entra a jugar el segundo componente de la idea de tendencia que previamente habíamos distinguido. Pasando del plano individual al interindividual, von Mises señala: “El proceso de mercado es el ajuste de las acciones individuales de varios miembros de la sociedad a los requerimientos de la mutua cooperación”, von Mises considera que a través del mercado es como se puede lograr que la mayor parte de estas acciones sean parcialmente exitosas, en una secuencia de acciones coordinadoras que, sin alcanzar una coordinación perfecta, hagan posible el funcionamiento de la economía. Tiene una visión dinámica del proceso de mercado; las preferencias, la tecnología y los recursos se van modificando en forma gradual pero imprevista a medida que pasa el tiempo. Esta concepción lo ubica a “mitad de camino” entre la visión de un mundo en el que la ausencia de cambio y la total certidumbre tornarían innecesaria la acción y la visión opuesta en la que la continua volatilidad de los datos y la imposible anticipación del cambio harían de todo intento de actuar un sin sentido.

Cabría preguntarse cuál es el status epistemológico de estas componentes de la idea de tendencia. Para Mises la teoría económica es la rama mejor desarrollada hasta el momento de una ciencia de carácter más general: la praxeología. Ésta es una ciencia axiomática deductiva, en la que a partir del axioma de la acción se deducen una serie de teoremas de validez necesaria para todo tiempo y lugar. Mientras que la idea individual de tendencia como intento de superación de un estado de insatisfacción puede deducirse sin problemas del axioma inicial, el aspecto interindividual de la misma que se manifiesta en el proceso de mercado necesitaría otro tipo de formulación. Von Mises rechaza este dualismo, ya que considera que la ciencia económica se deduce completamente del axioma inicial. Hayek, por lo contrario, considera que si bien el primer elemento de la idea de tendencia puede ser parte de una lógica pura de la elección, el segundo elemento requiere algunos supuestos que la tornarían una ciencia empírica, no completamente apriorística.

Revista Libertas VI: 11 (Octubre 1989) Instituto Universitario ESEADE http://www.eseade.edu.ar

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