EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS/ Ivo A. Sarjanovic

EL MERCADO COMO PROCESO: DOS VISIONES ALTERNATIVAS
Ivo A. Sarjanovic

Introducción

La escuela austríaca de economía no se ha caracterizado por una dogmática homogeneidad de pensamiento. Si bien todos los autores que pertenecen a esta tradición comparten puntos de vista comunes que los distinguen de otros programas de investigación, hay algunos temas sobre los cuales las diferencias entre ellos han sido y son profundas. Entre los puntos en disputa podemos señalar el de la metodología de la ciencia (praxeología, hipotético deductivo, hermenéutica), el de las instituciones monetarias apropiadas en un mercado libre (patrón mercancía con reserva del 100%, patrón mercancía con reserva fraccionaria, competencia de monedas nominales), la teoría del capital (Menger no aceptó la totalidad de los aportes de Böhm-Bawerk), la teoría del monopolio (von Mises, Kirzner y Rothbard tienen planteos diferentes), etcétera. Actualmente quizás el tema que causa las mayores controversias sea el de los procesos de mercado y su relación con el equilibrio.


Podemos considerar este debate como un conflicto de visiones sobre la naturaleza del mercado, el rol de los procesos y el del equilibrio general competitivo. Schumpeter describía una visión como un “acto cognoscitivo pre-analítico”, esto es, lo que sentimos o percibimos acerca de un fenómeno antes de haber elaborado sobre él ningún tipo de razonamiento sistemático. Estas visiones serían los fundamentos sobre los que construimos las distintas teorías. La disconformidad con el modelo de equilibrio general encontró entre los austríacos dos visiones alternativas acerca del proceso de mercado. Por eso, si “una visión es nuestra impresión de cómo funciona el mundo”, podemos entender por qué un conflicto entre ellas ha originado teorías explicativas de diferentes características.

Von Mises y Hayek, entre los años 1932 y 1940, y como consecuencia del debate sobre la posibilidad del cálculo económico en un orden socialista, comenzaron a articular y a definir gradualmente una forma distinta de comprender el fenómeno del mercado. Para Kirzner, ni von Mises ni Hayek en sus primeras obras comprendían por completo las profundas diferencias que separaban su visión de las otras líneas de pensamiento que eran agrupadas conjuntamente con el nombre de economía neoclásica. Las tres vertientes que confluían bajo este rótulo eran la escuela de Lausanne, la escuela de Cambridge y la escuela de Viena, reunidas por la introducción del marginalismo en la teoría económica. El intercambio de ideas que los austríacos mantuvieron con los socialistas de mercado les permitió ir percibiendo las limitaciones del modelo de equilibrio general como un instrumento adecuado para explicar el funcionamiento de la economía de mercado.5 Fueron entonces articulando una idea alternativa que, intentando reflejar con mayor fidelidad su visión subyacente de los procesos de mercado, les permitiera comprender más cabalmente la complejidad del fenómeno económico. El interés no se centraba ahora en el conjunto de condiciones y supuestos que permitirían una automática coordinación de las actividades de los agentes económicos en un utópico mundo ideal liberado de los problemas asociados con la ignorancia y la incertidumbre. El objetivo sería entonces brindar una explicación distinta que tuviera relevancia directa para poder comprender el mundo real. Un mundo sometido a condicionamientos muy diferentes de los considerados por el equilibrio general. Estos condicionamientos que enfrenta el mercado nos permiten caracterizarlo como en una situación de desequilibrio permanente.

La coordinación de las actividades económicas realizadas por los agentes en forma descentralizada dejó de ser un problema resuelto, como en el caso del equilibrio general, para convertirse en la cuestión que se debe resolver. En contra de las distintas vertientes del keynesianismo que sostienen que el mercado libre no genera espontáneamente una actividad equilibradora, los austríacos argumentan que en un determinado orden institucional, caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción, la acción empresarial tiende de manera sistemática a descubrir las oportunidades aún desconocidas que se manifiestan como diferenciales entre precios de desequilibrio, iniciando de esta manera un camino hacia situaciones de mayor coordinación que, dada la naturaleza siempre cambiante de las variables económicas, nunca llegará a completarse. Posteriormente, algunos artículos de F. Hayek, y sobre todo los trabajos de I. Kirzner, contribuyeron a una mejor comprensión de la idea del mercado como un proceso de descubrimiento. Pero esta visión encontraría pronto una competidora que reclamaría ser considerada también como parte continuadora de la tradición mengeriana.

Luego de la muerte de L. von Mises, ocurrida en 1973, y de la entrega del premio Nobel de economía a F. Hayek en 1974, asistimos a un renacimiento del interés por la escuela austríaca en el plano académico. En aquel momento se produjo la llegada de L. Lachmann a la Universidad de New York como profesor visitante proveniente de Sudáfrica. Sus contribuciones se caracterizan por una sistemática extensión del subjetivismo a los distintos ámbitos de la economía. Al igual que von Mises, Hayek y Kirzner, Lachmann entiende que los procesos de mercado son aquellos que deben requerir la mayor atención de la ciencia económica; pero en contra de los tres autores antes mencionados, considera que la concepción del equilibrio debe ser rechazada y abandonada, ya que limita las posibilidades de comprender al mercado en profundidad. Para él, no tiene sentido suponer que las actividades económicas tiendan a coordinarse sistemáticamente, ya que el curso de la misma trayectoria hacia el equilibrio genera fuerzas discoordinantes que tornan inalcanzable aquel estado. En este proceso de cambio la indeterminación de las expectativas desempeña un rol fundamental. Así es como Lachmann no sólo presenta una aguda crítica del modelo de equilibrio general neoclásico sino también de los procesos de mercado entendidos como tendencia, al estilo de von Mises, Hayek y Kirzner.

G. P. O’Driscoll Jr. fue el primero en señalar con claridad las diferencias que existen entre estos dos enfoques.8 En esa oportunidad sostuvo que el subjetivismo de las expectativas traía como consecuencia la necesidad de abandonar la idea de la formación de un orden espontáneo. Ese artículo dio motivo a un intercambio de argumentos entre Lachmann y L. White acerca de la actividad equilibradora del empresario en un proceso competitivo de mercado y de la relación de éste con el equilibrio general. El desarrollo del debate ha servido para profundizar la comprensión del proceso de mercado, para articular cada vez con mayor precisión las características de ambas posturas y también para apreciar mejor en qué puntos coinciden y en qué puntos difieren las dos visiones.

La vertiente tradicional expuesta por von Mises, Hayek y Kirzner puede ser considerada, en cierto sentido, como un intento de reformular y reconstruir las ideas neoclásicas fundamentales. La diferencia radica en el énfasis puesto en cada área de investigación. Para los neoclásicos el objeto de estudio es el equilibrio general y todos los problemas que su determinación acarrea, mientras que el proceso por el cual arribamos a él tiene sólo una importancia secundaria. En cambio, para los austríacos enrolados en esta corriente el objeto de estudio es el proceso de mercado, relegando así el análisis de las condiciones del equilibrio a un plano meramente instrumental. El mercado es entendido como un proceso de descubrimiento que al erosionar incertidumbre tiende sistemáticamente a la coordinación plena de los planes de los agentes económicos. Sin embargo, tal estado nunca se alcanzará, dada la naturaleza cambiante de las circunstancias que los individuos enfrentan. La diferencia con el enfoque neoclásico tradicional no se limita sólo a una cuestión de énfasis o metodología, sino que genera prescripciones normativas muy distintas en la evaluación de los diversos órdenes institucionales. La otra vertiente propone de manera radical la ruptura definitiva con el modelo neoclásico. No considera que el desequilibrio debe ser estudiado como tendiendo hacia un estado de completa coordinación de planes individuales. La propia secuencia de la trayectoria hacia esa situación promueve fuerzas desequilibradoras que merecen ser objeto de análisis al igual que las equilibradoras. Proponen entonces comprender al mercado, no como un proceso que tiende en forma sistemática a un orden como producto de la acción empresarial, sino como un orden en sí mismo en el que se entremezclan y confunden continuamente fuerzas coordinadoras y discoordinadoras, prevaleciendo en cada instante unas u otras según su diferente intensidad.

Para la posición tradicional el “nihilismo” lachmaniano esteriliza todo intento de hacer teoría económica, acercándonos peligrosamente a los límites del historicismo que Menger consiguió refutar. Sin embargo, para la otra postura, excluir el equilibrio general de la teoría no es equivalente al abandono de su carácter científico. Como algunos de sus exponentes señalan: “ no puede tener una teoría del mercado sin postular que el mercado se esté moviendo siempre hacia un equilibrio general”.

El debate muchas veces se ha visto obstaculizado por una recíproca falta de comprensión y por un uso equívoco de ciertos conceptos. Algunos puntos que sería útil aclarar para precisar los términos de esta controversia serían los siguientes:

1) ¿A qué tipo de equilibrio general se está haciendo referencia? ¿Tienen las construcciones alternativas propuestas por von Mises y Hayek (economía de giro uniforme y coordinación completa de planes) las mismas características que el equilibrio general neoclásico? Por último, ¿es importante dilucidar estas cuestiones para quienes no asignan al equilibrio una importancia relevante sino sólo un papel instrumental?

2) ¿Hasta qué punto podemos hablar de que exista una tendencia al equilibrio? ¿Es esta tendencia un movimiento necesario o contingente? ¿Puede sostenerse a priori o sólo empíricamente? Para culminar, si la situación de equilibrio nunca se alcanza, ¿cuál es el status de las fuerzas discoordinadoras que impiden la culminación del proceso?

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