NUEVA INTRODUCCIÓN A LA ESCUELA AUSTRÍACA CLASE TRES/ Gabriel Zanotti 

NUEVA INTRODUCCIÓN A LA ESCUELA AUSTRÍACA CLASE TRES

Gabriel Zanotti

 

III) Trabajo y salarios.

1. La productividad marginal del trabajo y el salario real.

2. Límite mínimo y máximo en la fijación de los salarios.

Bibliografía básica: Mises, L. von: La Acción Humana; Sopec, Madrid, 1968; 4ta parte, cap. XXI.

3. Los salarios mínimos.

4. Salarios mínimos, corporativismo sindical, inflación.

5. La desocupación.

Bibliografía básica: Petro, S.: Los sindicatos y la libertad; Centro de Estudios sobre la Libertad; Buenos Aires.

– Mises, L, von: “Salarios, desempleo e inflación”; en Ideas sobre la Libertad; Nro. 32.

– Hazlitt, H.: La economía en una lección, op. cit, cap. 17.

 

 

Tercera clase (Martes 5-9-2000).

 

Hay una aclaración que siempre hacemos: que este es un curso de escuela austríaca y no sobre la situación económica argentina, a pesar de que en muchos casos damos ejemplos de lo que está pasando en este momento. Bueno, vamos a mantener esta aclaración muy especialmente el día de hoy, dado que vamos a decir algo sobre “trabajo y salarios”, que es un tema muy candente hoy en la Argentina. No me voy a referir a la situación argentina en particular pero les aseguro que mucho de lo que voy a decir puede ser “muy” aplicable a nuestra situación concreta.


Bien, espero que tengan el programa en mano. Disculpen esta deformación profesional, siempre pido a mis alumnos que tengan in mano el programa. Verán que en el punto 1 hay un término difícil: la “productividad marginal”, que está relacionada con el salario real. Esto nos exigirá cierto nivel de abstracción pero veremos después que estamos hablado de algo de todos los días.

¿A qué nos referimos con productividad marginal? Si volvemos a la clase uno, recordemos que el valor de un bien en el mercado (su precio) se determina conforme a su utilidad marginal. O sea que si aumenta el número de unidades valorizadas de determinado bien, el valor de cada bien tiende a descender; lo contrario sucede si el nro. de unidades desciende. Ahora bien, si aplicamos esto a los “factores de producción” (trabajo, naturaleza, herramientas y maquinarias) entonces esta utilidad marginal la llamamos “productividad” marginal. Es el valor de los factores de producción. Y, consiguientemente, cuando aumenta el número de unidades valorizadas de un factor de producción, su valor tiende a descender. Si el número es menor en relación a una demanda que aumenta, su valor, y su consiguiente precio en el mercado, va a tender a ser mayor.

Hasta ahora lo dicho parece muy “en el aire”. Pero veamos un ejemplo concreto. ¿Cuánto vale una hectárea de tierra en Japón, suponiendo que la tierra sea valorizada? ¿O en Israel? ¿Más o menos que en la Argentina? Más, desde luego. ¿Por qué? Porque al ser la tierra un factor de producción demandado, al ser más escaso en Japón su valor es mayor que en la Argentina.

En el tema del capital se mezclan dos cosas: la tasa de interés, que es el valor adicional para ahorrar, siendo ese ahorro condición necesaria para la fabricación de bienes de capital, y el valor de los bienes de capital (todo tipo de herramientas que aumenten la productividad), que obviamente se determina por su productividad marginal. Los bienes de capital producen más en menos tiempo. Si usted quiere cortar el césped de su casa con una pequeña tijera su productividad será menor que si lo hace con una gran cortadora eléctrica.

Ahora pasemos al trabajo. El trabajo no se vende o se compra; más bien se “alquila”, porque uno es siempre dueño de su trabajo. Ahora bien, se intercambia en el mercado, y en ese sentido (decimos en ese sentido) hay una oferta y demanda de trabajo. El “precio” del trabajo es el salario. Y ese salario va a estar en relación a su productividad marginal.

De igual modo que en la clase dos hablamos de la relación “bienes/dinero”, ahora debemos comparar la relación “trabajo/capital”. El capital, como dijimos, son herramientas que aumentan la productividad del trabajo. Y esos factores de producción “producidos” (esas herramientas) implican, para su producción, los otros dos factores, esto es, naturaleza (recursos naturales) + trabajo. (Acuérdense que si Robinson quería una herramienta que aumentar su productividad al recoger frutas, debía “hacerla”, con su trabajo y los recursos naturales de los que disponía). Hace falta toda la creatividad del ser humano para “transformar” la naturaleza y, por medio del ahorro, producir esos bienes de capital sin los cuales (¡y no nos damos cuenta!) nuestra vida no sería mejor que en la época de las cavernas.

Ahora bien: si el capital es naturaleza + trabajo, podemos deducir que, a medida que aumenta el factor capital, el trabajo, en relación al capital, se hace más escaso. Más demandado. Y, por consiguiente, aumenta su valor en el mercado, esto es, su productividad marginal. Y si aumenta su valor, lo que aumenta es el salario (ya real, esto es, lo que podemos adquirir con determinado salario, ya nominal, esto es, la cifra que representa el salario). O sea que a medida que aumenta la tasa de capital, el salario real es mayor. Al contrario, si la tasa de capital baja, el salario real será menor, porque el trabajo, en relación al capital y las inversiones, será mayor. O sea, en ese caso hay más oferta de trabajo y el salario tiende a bajar.

Todo esto es fundamental. Se relaciona con todo lo que vimos la clase anterior sobre el desarrollo y las inversiones. Esto nos explica por qué en los países desarrollados el salario real es mayor y en los subdesarrollados, dramáticamente menor. La demanda de trabajo y su productividad marginal es mayor en los países “desarrollados”. En los países subdesarrollados el salario es menor no por lo que explica el marxismo que aún es ideología dominante, a saber, que el salario en esos países es menor y la pobreza es mayor porque el capitalismo salvaje explota a los obreros. Al contrario, no es capitalismo, sino falta de capital, lo que produce esos salarios dramáticamente bajos.

Pero, además, observemos algo interesante. La cantidad de trabajo, en relación al capital, casi siempre va a tender a aumentar. Si bien en los países desarrollados la tasa de natalidad es menor (y no es que eso esté bien) no se puede, para aumentar el salario, eliminar a las personas (aunque a veces se hace indirectamente, con barreras a la inmigración). Si estamos viendo que cuando el trabajo se hace más escaso, el salario aumenta, sería inmoral concluir que para aumentar el salario debemos eliminar a la mitad de la población. La población, en general, aumenta. Es más, de no mediar otros factores culturales y sociológicos, en general cuando el nivel de vida es mayor, aumenta. Por eso a los economistas Austríacos nunca les preocuparon las políticas antinatalistas tan en boga hoy en día. Lo que les preocupó, como bien Mises señaló, es cómo aumentar la tasa de capital a un ritmo mayor que el de la población, lo cual es lo único que puede aumentar el salario real. Para lo cual es necesario todo eso de lo que hablábamos la vez pasada: ahorro, inversión, muy bajos impuestos, mercado libre, estabilidad jurídica y política…. Condiciones tan difíciles de lograr y tan fáciles de destruir.

Por eso los asesores de las Naciones Unidas, al recomendar políticas antinatalistas, están muy mal asesorados económicamente. Libérense todas las fronteras, haya libre circulación de capital y trabajo, mercado libre y ese capitalismo que tanto odian, y no se tendrían que preocupar jamás por la tasa de población.

Perdón que me fui de tema. Comprendo que aún no visualizamos bien cómo funciona todo esto. Para eso pasemos al punto dos: los límites máximos y mínimos de fijación de salarios en el mercado.

Cuando decimos límites máximos o mínimos, no nos referimos a ningún control gubernamental, sino a la operatoria normal del mercado. Mercado que a su vez no es ninguna cosa en el aire sino un grupo de personas comprando y vendiendo bienes de consumo y de producción.

Vamos a suponer justamente aquello que queremos cambiar, a saber, una región subdesarrollada, con una tasa de capital muy baja, una enorme oferta de trabajo y un salario real muy bajo. Supongamos que comienzan a aumentar las inversiones. Vamos a traducirlo a términos más concretos. Si en el día uno había dos empresas, vamos a suponer que en el día 200 hay 50 empresas más (emprendimientos, justamente) y en el día 400 hay 100 empresas más.

¿Qué significa esto? Que la demanda de trabajo va a ir aumentando. Si alguien era poco demandado en su trabajo, puede ser que en el día 400 tenga 4 o 5 empresas que demanden su trabajo, que estén “compitiendo” por la fuerza laboral de esa persona. Entonces el salario que le van a tener que pagar será mayor. Para dar un ejemplo más concreto, el servicio doméstico en los EEUU es muy caro porque usted tiene que pagar mucho a una empleada para “sacarla” de otros trabajos mejores y más remunerados, dado que las inversiones y las oportunidades de trabajo son allí mayores.

Sigamos con el ejemplo. Vamos a suponer que pasan los años, se cumplen las condiciones de desarrollo que hemos especificado, el salario real ha ido aumentando y supongamos que el salario real para tal o cual actividad oscila entre 500 y 1500 dólares. ¿Por qué? Supongamos que es el salario mensual de una secretaria. Si usted es muy bueno y quiere pagar más, y anuncia que va a pagar 10.000 por mes, al día siguiente tiene, digamos, 10 cuadras de cola de gente ofreciéndose para su empresa. No las va a poder tomar a todas. Imposible. Le conviene poner una fundación a parte. Excelente esto último.

Pero supongamos que usted es muy malo y anuncia que no va a pagar más de 10 por mes. Bien, en ese caso se queda sin secretarias. Y si usted quiere contratarlas va a tener que elevar el salario.

Y esto último es clave: ese “límite mínimo” al cual usted tiene que contratar, o si no se queda sin empleados, es más alto a medida que más inversiones (y empresas, por ende) hay. Ahora vemos por qué decíamos que cuanto mayor es el capital existente, mayor será el salario. No depende de la buena voluntad de los empresarios. Esto es clave. Vaya usted a EEUU, Canadá, Alemania, ponga una empresa y sea usted un pérfido “capitalista explotador”. Diga que va a pagar 1 dólar por mes a cada operario. No podrá. Pero no porque el estado o los sindicatos se lo impidan, sino sencillamente porque se queda sin empleados. Y eso es así porque en esos países la tasa de capital es mayor, y es mayor no porque el estado o los sindicatos así lo han decretado, sino porque se dieron las condiciones de mercado libre necesarias (aunque no suficientes) para que eso sucediera.

Por supuesto, entre el límite mínimo y el máximo de mercado de fijación de salarios hay un gran espacio para su buena voluntad, y lo moralmente deseable es que usted trate de pagar el máximo dentro de ese límite. Pero vamos a suponer un caso difícil. Usted pone una empresa en una nación subdesarrollada y, a pesar de toda su buena voluntad, no puede ofrecer más de una mínima cifra de salario porque de lo contrario “toda la ciudad” se ofrece para trabajar en su empresa, en cuyo caso usted no puede absorber esa fuerza laboral. ¿Es “justo” pagar eso? Sí, creo que sí, desde el punto de vista de lo que podemos llamar “justo prudencial”. Tema delicado, que ya he tratado con más detalle otras veces. Volveremos a esto, si quieren, en la parte de las preguntas.

Vemos de vuelta que la escasez es “tiránica”. La única forma de minimizarla es aumentando los bienes de capital, lo cual es lo único, a su vez, que puede aumentar la demanda de trabajo y el salario real. Toda la horrible pobreza que ven en el planeta es porque las condiciones políticas, jurídicas y culturales son tan desastrosas que impiden la acumulación de capital. Pero el tema es que esto está en nuestras manos. Las guerras y los totalitarismos y autoritarismos no son catástrofes naturales. No, son producto del hombre. Está en nuestras manos cambiar eso. Para eso estamos dando este curso….

¿Alguna pregunta aclaratoria?

P.: No entendí bien a qué tipo de “productividad” se refiere usted.

R: Cuando los austríacos se refieren a productividad marginal se refieren al tema de la utilidad marginal en los factores de producción. Pero usted debe estar pensando en una noción más estrictamente matemática. No me voy a introducir en ese debate ahora, pero quiero simplemente decirle que la noción que estoy utilizando depende de números ordinales, no cardinales. Los fines y medios no son uno, dos tres, sino primero, segundo tercero, etc. Cuando yo estaba poniendo números en el pizarrón, me estaba refiriendo a eso, y, además, trataba de expresar los costos de los factores de producción, dado que los costos de los factores de producción tienen en el mercado su precio monetario.

La escasez de factores de producción naturales (recursos naturales) no es de por sí un problema. El problema es la falta de ahorro y factores de capital que permitan aumentar la productividad. Alguien puede trabajar “desesperadamente” todo el día, contar con inmensos recursos naturales, pero si su productividad es poca, su situación seguirá siendo desastrosa. No descarto que haya factores culturales que impliquen mayor laboriosidad en ciertas culturas, pero lo que estoy diciendo es que por más gente emprendedora y virtuosa que sean en un país, si ese país sufre de inflación y falta de ahorro, no progresará de ningún modo.

 

Bien, podemos pasar ahora al punto 3. Un salario mínimo es un precio mínimo aplicado al factor trabajo. Y si todo precio mínimo produce sobrante, esto es, en exceso de oferta sobre demanda, como hemos visto, un precio mínimo aplicado al trabajo (por encima de su productividad marginal) producirá un exceso de oferta de trabajo sobre su demanda. Hay una parte de oferta laboral que no puede ubicarse en el mercado de trabajo. Esa es la dramática desocupación.

Obviamente, aquí viene una pregunta clásica. Si aumentamos los salarios por decreto se produce desocupación (después profundizaremos este tema). Entonces, ¿cómo aumentar el salario? Bueno, en cierto sentido ya lo hemos visto. Para aumentar el salario, hay que aumentar la cantidad de ahorro, lo cual aumenta el capital disponible, las consiguientes inversiones y por ende la demanda de trabajo aumenta. Y esa mayor demanda de trabajo aumentará el salario real. Otra vez, la escasez. Supongamos que el salario de todos nosotros depende de una torta que tenemos acá. Si al Almte. ordenara: ¡aumente la torta para todo el mundo! (¡perdón, Almte, es un chiste!), pero no hubo ahorro, ni inversión, y la torta es la misma, entonces el único modo de cumplir la orden es dar a cada uno un pedacito más pequeño. Pero entonces alguien, o muchos más, dirían “¡abajo ese capitalismo explotador!”. Yo intentaría decir que eso no es capitalismo pero nadie me escucharía (eso es exactamente lo que me está pasando……). El caso es que se exigiría que haya por decreto más torta para cada uno. Pero, claro, eso es imposible sin ahorro, excepto para Dios (el problema es que hay un montón de gente que se cree Dios). Entonces aumento la porción “para cada uno”. Comen mucho más uno, dos tres, cuatro….. Pero de repente no hay más. ¡Obvio! Y un montón de gente se quedó sin nada de torta. Bien, eso es la desocupación, dramático resultado de haber querido una vez más evitar mágicamente las consecuencias de la escasez.

Todo esto comenzará a aclararse más en el punto 4 (salarios mínimos, corporativismo sindical, inflación).

Hay varios modos de fijar un salario mínimo. Puede ser fijado directamente por el estado para el sector estatal y ser financiado con emisión monetaria. Eso se hizo muchas veces en la Argentina. O, si no se quiere recurrir a la inflación, con mayor presión impositiva o con mayor endeudamiento externo. Las tres cosas son un golpe moral al ahorro que es necesario para aumentar la demanda de trabajo.

En el sector privado hay dos modos fundamentales de obligar a los salarios mínimos coercitivos. Un decreto estatal o una acción de corporativismo sindical por la cual se hace una huelga sectorial o general para obligar al empleador a subir el salario nominal. La mentalidad marxista aún dominante (el muro mental aún no cayó) piensa que eso es una acción justificada para evitar la explotación de los obreros por parte del sector empresarial. Quien se oponga a eso es poco menos que un monstruo. Cuando el marxismo forma parte de las creencias dominantes, la situación es culturalmente terrible. Yo me opongo a esa creencia dominante y no tengo problema en quedar como lo que fuere con tal de denunciar ese error todo lo que sea necesario.

Ahora bien, merced a la huelga, el salario nominal aumenta y se produce la desocupación consiguiente. Pero algunos empresarios piden créditos para absorber ese costo más elevado. Y esos créditos son otorgados por el sector financiero por medio de un método ya visto en la clase dos: la expansión crediticia. El gobierno emite moneda en el mercado de capitales, baja la tasa de interés, y los costos de los salarios se pueden absorber. Pero, claro, ¿cuál es el resultado de eso? Ya lo vimos: inflación y recesión. En ese caso el salario mínimo, como bien explicó Mises, no produce directamente inflación, sino desocupación, y la inflación es el resultado de la expansión crediticia a la cual se recurre para financiar el nuevo costo laboral.

En el caso de un decreto estatal obligado al sector privado a subir salarios, el resultado es el mismo. En cualquiera de los dos casos (presión sindical o decreto estatal) el resultado es el mismo: inflación. Otra vez, el precio por querer hacer que la “torta” crezca mágicamente sin ahorro.

Lo terrible es que la inflación produce exactamente el efecto contrario al que se buscaba. Se buscaba elevar el salario y en cambio se lo baja aún más. En nuestro país eso es lo que pasaba cuando la gente se quejaba de que los precios subían más rápido que los salarios. Ahora, cuando las políticas monetarias son más restrictivas, la desocupación es más visible. Los que ahora creen que tienen la autoridad moral e intelectual como para criticar la desocupación actual, son los mismos dirigentes que antes “tapaban” la desocupación con empresas del estado deficitarias, obras públicas (las que este gobierno ahora financia con el FMI) e inflación.

Esta desocupación de la que estamos hablando (la producida por salarios mínimos) es llamada desocupación institucional. Hay otros dos fenómenos que pueden confundirse con esta desocupación: la llamada desocupación “friccional” y la “tecnológica” (con lo cual ya estamos en el punto 5).

Para explicar el tema de la desocupación friccional vamos a dar un ejemplo.

Vamos a suponer que en un mercado libre (cuyas condiciones, repito, NO se cumplen en la Argentina) todos dejan de consumir chocolates. No va a ocurrir, claro…. Pero simplemente supongamos que ocurre. En ese caso se producirá una reubicación global de los factores de producción y del sector empresarial. Tanto el ahorro, como los bienes de capital, como los recursos naturales, como el trabajo, se “trasladarán” de la producción de chocolates a otro sector, y eso sencillamente porque la producción de chocolates ya no será rentable.

No digo que esto sea fácil desde un punto de vista psicológico. Si todos dejaran de demandar clases de filosofía, yo no la pasaría nada bien. Pero hagamos una pregunta política y moral. En ese caso, ¿tengo yo derecho a que la gente financie mis clases coactivamente?

Pero claro, no es el caso. El caso es que los obreros que trabajaban en las empresas de chocolate pierden su trabajo. Sí, pero por cada peso gastado en los chocolates, ahora se gasta en otra cosa. Si cada chocolate valía $ 1, ahora cada persona gastará ese peso en otra cosa y/o en ahorro. Consiguientemente otras cosas serán rentables, y la demanda de trabajo crecerá en otros sectores. Eso, por ende, no es desocupación, sino una traslación del factor laboral. Pero cuidado que no estoy diciendo que esa traslación sea fácil.

Otro caso similar es la desocupación “tecnológica”. Se parece a la friccional en que también implica un traslado del factor trabajo, producido esta vez por la introducción de máquinas y tecnología que hacen innecesaria determinada fuerza laboral en determinado sector. Otra vez, ya que el tiempo que estamos utilizando es muy poco, no tenemos la intención de simplificar el problema y negar sus aspectos sociales y psicológicos. Simplemente decimos que es falso, desde el punto de vista del análisis económico, igualar este fenómeno a la desocupación institucional. Al contrario, es al revés. Las máquinas, como todos los bienes de capital, demandan trabajo para su construcción. A su vez, las máquinas y las nuevas tecnologías son demandadas precisamente porque aumentan la productividad. Al aumentar la productividad y mejorar las posibilidades futuras de inversión de la empresa, es posible reducir costos, y aumentar así el margen entre costos y precios. Esas mayores ganancias redundan en mayores inversiones y, consiguientemente, en mayor demanda de trabajo. Todo esto no es más que el proceso de desarrollo anteriormente descripto. Alguien podría decirme: ¿y qué garantiza que los empresarios ampliarán sus inversiones con sus nuevas ganancias? Pues no es algo necesario, obviamente, pero ya vimos en la clase 1 que en un mercado libre, interior y exterior, el empresario que comete menos errores es que el permanece en el mercado. Esa imagen de grandes empresas invirtiendo por pocos años y luego yéndose del país es lo que ocurre en países subdesarrollados como en Latinoamérica, donde invierten con sistemas protegidos, sin competencia, y luego, ante el menor síntoma de inestabilidad jurídica, política y monetaria, tan frecuente en Latinoamérica, se van. Otra vez, eso, que se asocia con el “capitalismo” nada tiene que ver con una economía de mercado desregulada que durante décadas haya producido no sólo una alta tasa de desarrollo sino también factores culturales adecuados a la disciplina empresarial. Los economistas austríacos no fueron los autores de esas obras de mala ciencia ficción que afirmaban que el desarrollo de Latinoamérica debía lograrse con industrias protegidas por el estado para defenderse del “imperialismo yanqui”. Fueron otros, esos mismos que ahora firman acuerdos con el FMI….

El problema de la desocupación se concentra, para los economistas austríacos, en la desocupación institucional, producida por los salarios mínimos y costos laborales altísimos que nada tienen que ver con la seguridad personal que todo ser humano debe tener en su puesto de trabajo. Esto nadie lo dice hoy en día, pero los salarios mínimos producen desocupación. Producen que una parte gane más a expensas de la parte que queda desocupada. ¿Qué justicia hay allí?

Los economistas austríacos quedan como los malos de la película cuando dicen todas estas cosas. Parecen gentes desalmadas que desean que los salarios sean bajos, que no se haga nada para subirlos. Sería gente con “insensibilidad social”. Es precisamente al revés. Los salarios mínimos producen miseria y hambre de muchos a expensas de la ganancia de otros. Un mínimo de sensibilidad social conduce al menos a su denuncia.

En una economía de mercado donde el capital se va expandiendo con movilidad, el salario real va aumentando de manera promedio. Los sectores medios se extienden cada vez más.

Pero allí donde el corporativismo sindical actúa (que no es lo mismo que la asociación sindical) se produce una especie de espejismo. Vamos a suponer que en Phyladelphia el corporativismo sindical ha logrado un salario mínimo y la desocupación aumenta. Entonces los obreros van a tener una tendencia a emigrar a aquellos lugares donde puedan encontrar trabajo. Supongamos que en New Yersey la acción sindical es menor y por ende consiguen trabajo, pero a un salario menor. Muchos dirán: ¿ven al pérfido capitalismo? Dado que los sindicatos son más fuertes en Phyladelphia que en New Yersey, los salarios son más altos en Phyladelphia…. Como vemos, es al revés. Los obreros de Phyladephia comen a expensas de los de New Yersey. Ese es el punto. El único modo de aumentar el salario real de todos es que aumente la tasa de capital a nivel global.

Es duro decir estas cosas, es duro denunciar prácticas habitualmente miradas como bondadosas como lo que realmente son: presiones sectoriales, privilegios concedidos por el sistema legal, atentados contra el bien común, violencia, violación de derechos de terceros, y, fundamentalmente, ignorancia, slogans repetidos sin el más mínimo espíritu crítico. Pero bueno, como dije tantas veces, por eso estamos haciendo este curso.

P.: Pero un salario que no cubre las necesidades mínimas de los trabajadores, ¿es justo?

R.: No he hablado de ese tema expresamente (como de tantos otros) porque implicaría todo otro curso. Eso no quiere decir que yo tenga la respuesta “justa”; solamente quiere decir que no he desatendido el tema porque no sea relevante; al contrario, es tan importante que no hay que tocarlo por encima.

En cierto modo ya he dicho cómo lograr un salario justo. Cómo aumentar el ahorro y la tasa de capital. He hablado también de los justo prudencial en ciertos casos. Sé que lo que voy a decir ahora va a parecer muy insuficiente en relación a lo que usted me preguntó, pero simplemente quiero agregar que el salario mínimo no es igual al salario justo. Ya vimos por qué: porque el salario mínimo produce desocupación. Ahora bien, esto no implica que toda situación donde haya salarios libres sea la misma justicia. En una región subdesarrollada, donde el salario real es tan bajo que, como usted dice, ciertas necesidades básicas quedan desatendidas, no podemos hablar de justicia. Porque el subdesarrollo es injusto. No es una catástrofe natural. ¿Pero por qué se produce? No precisamente por la economía de mercado. Todas las políticas estatistas, intervencionistas y otrora totalmente socialistas producen esa terrible miseria generalizada que ocupa hoy gran parte del planeta. Todas esas políticas llamadas habitualmente “de izquierda”, el impuesto progresivo a la renta, los aranceles, las regulaciones del gobierno al mercado (pasando por reglamentaciones municipales kilométricas para instalar su pequeña empresa terminando por códigos de minería o cosas por estilo); el control gubernamental de la salud y la seguridad social, la expansión crediticia, etc., son las causas de ese salario que no alcanza. Pero todo ello nos lleva directamente al análisis de las medidas “restrictivas” de la producción, tema de la clase 4.

 

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Instituto Mises Cuba: Espacio para opinar y debatir sobre economía y libertad.
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