NUEVA INTRODUCCIÓN A LA ESCUELA AUSTRÍACA CLASE DOS/ Gabriel Zanotti 

NUEVA INTRODUCCIÓN A LA ESCUELA AUSTRÍACA CLASE DOS 

II) Moneda y crédito.

1. La moneda como mercancía. Los sustitutos monetarios.

Bibliografía básica: Rothbard, M.N.:Moneda libre y controlada; Centro de Estudios sobre la Libertad, Buenos Aires, 1979.  

2. Intervención del gobierno en la moneda: curso forzoso y expansión crediticia. La inflación.

Bibliografía básica: Cachanosky, J.C.: Reflexiones sobre la inflación; Fundación Bolsa de Comercio, Buenos Aires, 1980.

3. Ahorro e inversión en el mercado libre. El aumento de la tasa de capital y sus variables culturales y políticas.

Bibliografía básica: Benegas Lynch, A (h): Fundamentos de análisis económico, op. cit., cap. VII, 2da. parte.

– Hazlitt, H.: La economía en una lección; Unión Editorial, Madrid, 1973, cap. 5.

– Los errores de la nueva ciencia económica; Aguilar, Madrid, 1961.

 

Segunda clase (Martes 29-8-2000).

 

De igual modo que en la clase anterior, voy a hacer el esfuerzo de resumir en sólo tres puntos temas que habitualmente se dan en capítulos diferentes, a saber, moneda, por un lado, y ahorro e inversión, por el otro. Obviamente, están íntimamente relacionados; se los trata por separado por motivos didácticos. Al tratarlos sólo en tres puntos habrá incontables cuestiones que no podremos abordar, pero, como saben, el tiempo es uno de los recursos más escasos.

El primer punto dice “La moneda como mercancía”. Si bien por las películas nos hemos acostumbrado a que la palabra “mercancía” suene mal, sin embargo para la Escuela Austríaca significa otra cosa…. Significa que la moneda es una mercancía más, un bien más que, a pesar de tener una característica especial, es un bien que en el mercado tiene un valor y precio que se determinan igual que los otros bienes, esto es, de acuerdo a su utilidad marginal.

Esto fue asombroso en el momento en que el joven economista Mises, de treinta y pico de años, lo dijo allá por primera vez en 1912. Eso implicó una especie de “teoría unificada” de los bienes en el mercado, donde todos, los de consumo, producción y moneda, fueron tratados conforme a la misma ley del valor subjetivo.

¿Cuál es la diferencia entre trueque e intercambio indirecto, tema que ya suponíamos “tácito” la vez pasada? Bueno, esto se contesta con ejemplos muy sencillos. El trueque implica intercambiar una mercancía por otra. Pero esto se hace muy difícil a medida que la división del trabajo se extiende. Piensen ustedes si yo quisiera pagarles cualquier servicio que ustedes ofrezcan con, digamos, 300 clases de filosofía…. En fin, no creo que eso fuera globalmente aceptado como medio de cambio. Es por este motivo que, por un proceso espontáneo, como aclaró por primera vez Menger en 1870, las personas van descubriendo una, dos o tres mercancías que en el mercado tienen una especial capacidad para servir como intercambio indirecto. ¿Cómo podemos caracterizar al intercambio indirecto? Según aclara Mises, es un bien que no se demanda para consumir o producir otros bienes, sino para ser intercambiado por otros bienes que sí se van a destinar a consumo final o producción. Por eso es un medio de cambio “general” e “indirecto”. Como vemos la palabra “moneda” en la Escuela Austríaca, no se refiere a lo que hoy llamamos papel moneda, ni tampoco a determinado metal en especial, sino a una mercancía espontáneamente demandada como medio de intercambio general. Claro, habitualmente se demandan para ello mercancías que sean metales con cierta durabilidad y otras características, pero no es necesario que entonces siempre sean oro, plata, etc. Los que saben historia de la economía saben que la palabra “salario” tiene que ver con bolsitas de sal que eran a veces utilizadas como moneda. Lo importante es que la demanda sea no forzada y, por ende, espontánea. Esto es, por su propia naturaleza, no hay para la moneda nadie que coactivamente ordene que tiene que ser tal o cual bien. Claro, me dirán ustedes, ¡pero si habitualmente es así! Sí, claro, y así de mal están las cosas, y esto es clave y distintivo en la Escuela Austríaca.

Lo que queremos decir es que no es que la Escuela Austríaca “diga” que la moneda debe ser libre, sino que “es” así, y cuando se intenta coaccionar el sistema, se originan todos los fenómenos que trataremos después: inflación, ciclos económicos, etc. Pero el mejor ejemplo, para visualizarlo, es el mercado internacional de monedas, donde aún, afortunadamente, no hay ningún estado que ordene qué moneda vale más. Entonces naturalmente surgen las divisas que más valor tienen, y si alguna deja de ser demandada, deja de tener valor y ninguno de ustedes está obligado comerciar con esa moneda. Este es el mejor ejemplo que en la realidad actual tenemos para ver qué significa la moneda como “libremente demandada por las personas”.

Ahora bien, como dije antes, hay ejemplos históricos de bienes que han sido clásicamente demandados como moneda: el oro, la plata, etc. Esto nos lleva al tema de los sustitutos monetarios. Por un proceso de descubrimiento, como es el mercado, las personas en que trasladar consigo esos metales era complicado y peligroso. Consiguientemente se comenzaron a ofrecer, como servicios, casas que guardan el oro o lo que fuere y daban a cambio un recibo de depósito. Esos fueron los primeros billetes. Esto abre la exposición a un tema muy largo que no vamos a tratar dada la síntesis que estoy haciendo, que es el tema de la evolución de todo el sistema monetario a partir de este comienzo. Para la Escuela Austríaca no hubo un punto de evolución, sino de involución, que es el que estamos ahora: la confiscación estatal de todo patrón metálico y la imposición del papel moneda como “curso forzoso”. Esto es, todo lo que vivimos hoy: un banco central estatal que regula la oferta monetaria y un estado que obliga coactivamente a comerciar con tal o cual papel moneda. Todos ustedes me dirán: ¿y qué tiene eso de raro? De raro, nada; de dañino, mucho. Esto es lo que la escuela Austríaca llama “intervencionismo monetario”, cuyos efectos estudiaremos después.

Ahora bien: ¿cómo se determina el valor de la moneda en el mercado? Pues dado que la moneda es una mercancía, de acuerdo a la ley de utilidad marginal. Y eso implica una demanda y una oferta de dinero. Este tema es muy largo, pero lo importante es visualizar aquí que el valor de cada unidad monetaria, su utilidad marginal, será menor en términos relativos cuanto mayor sea su oferta. Cuando el sistema monetario es libre, la oferta de dinero no puede aumentar por sobre el límite de utilización que la demanda de dinero establece. Porque, en ese caso, el mercado, esto es, las personas, espontáneamente sustituyen esa moneda por otra, sencillamente porque esa moneda ha dejado de ser tal, esto es, ya no sirve como medio de intercambio general. Supongamos que en EEUU del siglo XVIII hubiera aumentado tanto la oferta de oro que su valor en el mercado hubiera sido muy poco en comparación con la plata. Bien, en ese caso, al valer tan poco cada onza de oro, éste habría sido sustituido por la plata. Es lo mismo que si yo dijera a alguien en este momento: “te pago con esta hojita de papel”. En un sistema monetario libre eso no sería dinero falso. Sería sencillamente mi propuesta. Nada inmoral ni ilegal. Sencillamente habría que ver qué aceptación tiene mi propuesta….

Entonces, ¿qué es lo que garantiza que en un mercado libre la moneda no pueda bajar por debajo de su demanda? Que, dado que el sistema es libre, se sustituye a la moneda que baja de valor. La inflación es posible precisamente cuando se obliga a comerciar con tal o cual moneda. Pero eso lo veremos en el punto 2.

Alguna pregunta aclaratoria hasta ahora?

P. ¿Y la hiperinflación?….

R.: Bueno, ya lo veremos, pero en esas situaciones la Escuela Austríaca habla de “huída hacia valores reales”, lo que significa que, a pesar del curso forzoso, las personas defienden lo poco de propiedad que les queda desprendiéndose totalmente de la moneda “oficial”. Tierras, cigarrillos, aparatos eléctricos, de todo, como sucedió en Alemania en 1923. Los no austriacos ven eso como una involución. Quieren volver a “ordenar”, “oficializar” al sistema monetario. Y los austríacos dicen: no, ese supuesto orden es un desorden. Si lo quiere ordenar, déjelo en libertad. Deje que las personas decidan el patrón monetario para que no pueda haber más inflación ni hiperinflación.

Con lo cual ya hemos entrado en el punto dos.

La intervención del estado en la moneda es el sistema que mundialmente hoy se practica. El gobierno, de muchas maneras, puede confiscar la circulación de oro y plata y estatizar el sistema bancario, dejando sólo bancos privados que deben actuar bajo las órdenes de un banco central estatal. Esto es coherente con el estatismo en general, porque, si el estado interfiere globalmente en la economía, debe controlar la moneda. Es tan coherente como nefasto.

Porque, aunque lo que voy a decir sea asombroso, controlar la oferta monetaria “es” inflación. Para la escuela austriaca la inflación no es simplemente aumento en el nivel de precios. Es una baja en el valor de cada unidad monetaria por razones exógenas al mercado. Hay que subrayar esta última parte: por razones exógenas. En un mercado libre, cualquier moneda puede perder valor, pero, como dijimos, es sustituída. Pero con la moneda obligatoria, de curso legal, el gobierno puede seguir aumentando la oferta monetaria dado que está legalmente prohibido cambiar de moneda. Y por eso el valor de la moneda baja, y baja, y baja….. Y usted no tiene nada que hacer. Eso es la inflación. Usted se ve obligado a comerciar con papel moneda que vale cada vez menos y por eso cada vez son más la cantidad de billetes que tiene que dar por cada producto.

Para entender esto hay que entender la relación bienes/dinero. Vamos a suponer que la economía marcha bien y las inversiones aumentan y consiguientemente la oferta de bienes y servicios en el mercado también. Al aumentar la oferta de bienes y servicios, la oferta de dinero, la “cantidad” de dinero, en relación al aumento de bienes, es menor, y al ser menor la oferta de dinero, el valor del dinero aumenta y por ende los precios de los bienes y servicios tienden a bajar. Pero vamos a suponer que el banco central norteamericano aumenta la oferta de dinero en forma proporcional al aumento de bienes y servicios. En ese caso, de acuerdo a lo que acabamos de decir, el nivel de precios, en general, tenderá e permanecer estable. Nadie se daría cuenta de lo que está pasando. Porque si no hubiera sido por ese aumento “estatal” de oferta monetaria, los precios, naturalmente, hubieran bajado. Entonces lo que hubo es inflación. Esto es, el nivel de precios se mantuvo estable, pero sin la intervención del estado hubiera bajado. Y eso es la inflación: el valor del dinero bajó por razones exógenas al mercado. Nadie se dio cuenta porque el aumento estatal de oferta monetaria fue más o menos proporcional al aumento de bienes y servicios.

Vuelvo a reiterar que en un mercado libre, si aumentara la oferta monetaria de los dos o tres patrones metálicos que libremente se estén utilizando, la competencia entre ellos haría imposible la inflación. Si estamos en Italia comerciando con liras, y éstas bajan su valor en el mercado internacional de divisas, podemos comerciar con francos suizos, marcos alemanes, libras inglesas o dólares.

Pero eso es “otro planeta”. Lamentablemente el caso habitual, y sobre todo en Latinoamérica, donde la oferta de bienes y servicios es tan limitada, es que el gobierno quiera solucionar ese problema con la inflación. Eso es olvidar el tema básico de la escasez. En Latinoamérica hay una indignante pobreza generalizada y se la quiere solucionar muchas veces mágicamente emitiendo billetes, como si éstos fueran maná del cielo. Muchos razonan así: si aumentamos la oferta de dinero, la gente va a consumir más y la economía se va a reactivar. Pero, aunque aún no lo hemos visto, para reactivar la economía hace falta ahorro. Si no hay ahorro previo, por más dinero que se “inyecte” en el mercado, el efecto no va a ser que aumente la cantidad de bienes y servicios, sino que los precios de éstos van a comenzar a subir, porque la oferta de dinero ha aumentado y la demanda de bienes y servicios va aumentando progresivamente de unos sectores a otros. Sí, la gente tiene más capacidad de compra, pero eso lo único que produce son mayores precios, no mayores inversiones. La escasez sigue sin entenderse. ¿Cuántas mesas hay acá? Una, dos tres….. Como mucho. Vamos a suponer que todos ustedes (que son más) quieren mesas. Para eso, hay que ahorrar, invertir, y fabricar mesas. No es fácil. Pero lo fácil es que yo diga un discurso y prometa: cuando yo llegue al gobierno voy a aumentar todos sus sueldos un 100%. Y llego, y lo hago con emisión monetaria. Entonces todos ustedes “se lanzan” contentos a comprar las dos o tres mesas que hay acá. ¿Qué va a suceder? Muchas cosas. Lo primero es que el precio de las mesas va a subir en forma terrible. Puede suceder que el dueño de las mesas sea un santo y quiera regalar las mesas, pero sólo podrá regalar las tres que hay. O puede ser que el gobierno quiera confiscar las mesas y repartirlas entre los pobres. ¡Magnífico!, premio Nobel de la paz para ese gobierno. Simplemente va a poder repartir cientos de pedacitos de mesas. Entonces va a protestar contra el capitalismo salvaje y va a pedir prestado a los países capitalistas. Y el fondo monetario le prestará para que siga gastando plata. La deuda externa crece y las inversiones no aumentan. ¿Les hace acordar a algo?…..

O al revés y más sofisticado: no les va a aumentar los sueldos pero sí los impuestos, con los cuales supuestamente se van a hacer más mesas…. Pero claro, cuanto más altos son los impuestos, menos inversiones hay, menos se recauda y de vuelta hay que pedirle prestado al Fondo Monetario y endeudarse de vuelta…. ¿Les hace acordar a algo?

Todas estas cuestiones nos muestran lo dramático que es no entender el drama de la escasez. Lo que “no” hay no se puede cubrir emitiendo dinero. No entender esto es una de las más importantes y dramáticas causas de la miseria de los pueblos subdesarrollados.

Sigamos con los efectos de la inflación. Un efecto es que distorsiona la estructura de precios relativos. Esto lo explica muy bien Mises y en nuestro medio Cachanosky lo ha sintetizado perfectamente. Alterar la estructura de precios relativos significa que los precios ya no son los mismos que hubieran sido sin inflación (por eso “relativos”: en relación a los precios no distorsionados por la inflación). ¿Y cuál es el problema? Dos problemas, y muy graves. En primer lugar, debemos tener en cuenta que los precios de mercado, no distorsionados por ningún factor exógeno, son los que permiten “apostar” la mejor combinación de factores de producción para obtener rentabilidad y por consiguiente un buen servicio al consumidor. Y, distorsionados los precios por la inflación, ello es ya más imperfecto de lo que aún es (con esto vemos un buen ejemplo de lo que vimos el martes pasado: las intervenciones del estado para mejorar al mercado sencillamente lo empeoran).

En segundo lugar, la demanda de bienes y servicios, estimulada artificialmente por la emisión de moneda, se va extendiendo gradualmente de los primeros que reciben la emisión hasta los últimos. Precios y salarios no suben por ende proporcionalmente: las personas de menores recursos y reciben un salario real menor con el cual van al mercado con precios ya inflados, y los pequeños ahorristas ven sus ahorros reducidos en su valor.

Bien, esos son los dos aspectos del primer efecto de la inflación: distorsión en los precios relativos. No es poco. Pero está aún el segundo y el que yo considero el más devastador. Dado que en una economía monetaria los ahorros se expresan (aunque no “son”) en dinero, con la inflación las personas tienden a retirar sus ahorros del circuito bancario. (Ya en la Argentina en estos momentos se está ahorrando más en dólares que en pesos, lo que muestra que la paridad uno a uno es un engaño). Pero al disminuir el ahorro en el mercado de capitales, disminuye, como veremos después, la cantidad de inversiones. Lo cual significa una menor oferta de bienes y servicios, una menor demanda de trabajo, y una consiguiente baja en el salario real. Todo lo cual, a largo plazo, implica una sola y terrible palabra: subdesarrollo.

Por eso en los países latinoamericanos, ya subdesarrollados, la inflación ha tenido efectos devastadores, pues ha agravado aún más la situación. Y en países como la Argentina prácticamente ha sido una de las causas principales de su subdesarrollo a partir de la década del 40.

Vemos por ende que la pobreza y la miseria, de la cual siempre se acusa al “capitalismo”, es producida –entre muchas cosas- por la invasión del gobierno en el mercado monetario, produciendo inflación y, con ello, una baja en la tasa de ahorro y consiguientemente en las inversiones que produce toda la pobreza consecuente. Hay menos demanda de trabajo, el salario real, y las oportunidades de progreso, de salud, de educación y seguridad social son menores para todos. Y, nuevamente, toda esta abyecta pobreza, fruto de décadas y décadas de desordenes monetarios (a lo cual hay que agregar la estatización general de los servicios, los impuestos a la renta, las regulaciones al mercado, la inseguridad jurídica y la inestabilidad política) es consecuencia, a su vez, de ignorar o querer evitar “mágicamente” el problema de la escasez. No se puede mitigar el problema de la escasez emitiendo moneda. Sólo se produce más escasez. Lo único que puede aliviar el siempre presente problema de la escasez es el ahorro, tema importantísimo que no vimos aún.

Sin embargo, estamos haciendo quedar muy mal a los que piensan distinto, y no es así. No es que ellos piensan que la riqueza sale mágicamente de los billetes, sino que la mayoría de ellos están influenciados por una de las obras de economía más importantes de este siglo, la Teoría General del Dinero, la Moneda y el Crédito que escribe Lord Keynes en 1936. Allí sostiene este gran economista británico que el capitalismo tiene una insuficiencia crónica de ahorro que tiene que ser sustituida por una política de expansión crediticia y obras públicas por parte del estado, y, en la medida que la emisión haya frenado la recesión y la desocupación, en esa misma medida debe frenarse la expansión crediticia y si hubo un alza en los precios no es inflación.

Obviamente los economistas que están convencidos de esto van a recomendar a los gobernantes medidas de expansión crediticia.

Hayek era amigo de Keynes y trató de convencerlo, en vano, de que sus teorías no tenían en cuanta a la teoría austríaca del ciclo económico, que ya veremos. Muchos austríacos le criticaron a Hayek no haber sido más severo para con su amigo, pero hay que tener en cuenta que Hayek estaba convencido de que el libro de Keynes no iba a tener ninguna llegada. Además, Keynes mismo le dijo a Hayek que él iba a frenar las exageraciones de sus discípulos si era necesario, pero unos meses después murió.

En mi opinión el punto clave en esta discusión Keynes-Hayek es la teoría austríaca del ciclo económico, esto es, cómo se originan los ciclos de auge y recesión en la economía. Para los austríacos el ciclo comienza justamente por lo que los keynesianos llaman políticas anticíclicas: la expansión crediticia por parte del estado. Ustedes dirán: ¿cómo puede ser que se piense radicalmente tan distinto? Bueno, todo es derivado de lo que vimos en la clase uno: los austríacos tienen un planteo radicalmente distinto del proceso de mercado que luego se traslada a las cuestiones monetarias y crediticias. Lo que razonablemente se considera un “pequeño” control por parte del estado a un mercado imperfecto, los austríacos lo ven como aquello que lo desordena más. Y en el mercado monetario y crediticio las cosas no son distintas.

Por eso ha llegado el momento de ver el punto tres, a saber, el ahorro, la inversión, la formación de capital y el ciclo económico.

Vamos a utilizar un ejemplo que ya se ha hecho clásico. Vamos a imaginarnos a Robinson Crusoe en su isla. Es un buen ejemplo porque nos hace ver claramente aquello con lo que ya los tengo cansados, esto es, la escasez.

¿Qué puede hacer Robinson en tan precaria situación? Acaba de llegar y carece de casi todo. Vamos a suponer que quiere (lo cual no es moralmente obligatorio) mejorar su situación material. Su día tiene 24 horas. Puede dedicar 16 horas a recoger frutos de los árboles y las otras 8 horas al descanso. Bueno, podrá comer y dormir, pero aún así su situación es precaria en relación a sus fines. Quiere aumentar su nivel de vida. Pero allí es claro que los bienes que él quiere no salen mágicamente de la naturaleza. Para aumentar su nivel de vida tiene que trabajar. Si dispusiera de una herramienta que le permitiera bajar frutas de los árboles más rápido, podría consumir lo mismo y, al mismo tiempo, ponerse a buscar madera para una casa. Pero para eso tiene que ahorrar. Esto es, debe abstenerse de consumir y/o descansar algo. Digamos que usa 10 hs de las que antes usaba para consumir frutas. Con ese tiempo puede fabricar la herramienta, pero consume menos. Esa abstención de consumo presente es el ahorro. Pero se hace con un motivo: poder consumir más en el futuro. Para ello utiliza ese ahorro para fabricar esa herramienta. Esa utilización del ahorro para fabricar bienes de capital se llamar inversión. Y ese ahorro y consiguiente inversión se hacen por un valor adicional en el futuro (el mayor consumo de frutas y una posible casa) que compensan la espera y el “sacrificio” del presente. Ese valor adicional en el futuro, por el cual ahorramos, se llama interés originario.

Esto que acabamos de decir, aunque parezca sencillo, es clave. Allí vemos cómo se sale de la escasez. La mayor productividad no ha salido de la nada, sino de un acto de abstención de consumo que se invierte en la fabricación de un bien de capital que aumenta la productividad (producir más en menos tiempo) y eso se hace por un valor en el futuro, que es el interés originario. Eso es llamado, por los austríacos, ley de preferencia temporal. Cuando mayor sea el valor que le damos a los bienes en el presente, el valor adicional en el futuro, para “convencernos” de ahorrar, será mayor. En cambio, cuanto mayor sea nuestra preferencia por los bienes en el futuro, el valor adicional para “convencernos” de ahorrar será menor. El ahorro será mayor y el interés originario tenderá a ser más bajo.

Esta es la clave del desarrollo, del aumento del nivel de vida. Lamento haber sido tan sintético; me parece un insulto a los volúmenes y volúmenes que los austríacos han escrito para esto, pero mi función en este caso es didáctica: resumirlo para que se comprenda. La pobreza de nuestros semejantes tiene muchas causas, entre ellas, que no comprendemos que el ahorro es necesario y suponemos que un “gobernante bueno” va a solucionar la pobreza sin este proceso de ahorro.

Esta introducción del factor “tiempo” para explicar la producción de nuevos bienes de capital, que son la clave de la productividad, es típica de la escuela austríaca. Ustedes me dirán: ¿y los bancos? Bueno, para es que debemos trasladar el tema al marco social, con una economía monetaria como la que ya hemos explicado.

En una economía como la actual, donde el ahorro se expresa (¡pero no es!) en moneda y en el circuito bancario, el ahorro significa que nos abstenemos de consumo presente, y una parte del dinero que hubiéramos gastado lo destinamos al ahorro (en cajas de ahorro, cuentas corrientes, etc.). Esa es la oferta de ahorro, o, también, “oferta de bienes futuros”. Hay también una demanda de esos bienes futuros, esto es, una demanda de ahorros, la inversión, que es la utilización de esos ahorros para fabricar nuevos bienes de capital (todas las “herramientas” que se utilizan en fábricas y elementos de empresas de servicios: si usted tiene una lavandería y pide un crédito para comprar nuevas máquinas está invirtiendo). Y esa oferta y demanda de bienes futuros, esa oferta y demanda de ahorro se encuentran a través de la tasa de interés de mercado, que se llama “bruta” porque incluye el factor riesgo (siempre presente, como vimos, en todo proceso de mercado) y el valor adquisitivo de la moneda (usted no ahorraría en pesos si los pesos no valieran nada o tuviera expectativas de devaluación, que es lo que ya está pasando).

Entonces hemos descubierto algo clave: para que aumenten las inversiones, y todo lo que ello implica (más demanda de trabajo, mayor salario real, más bienes y servicios) hay que aumentar el ahorro. Y el ahorro….. ¡No es dinero! Se “expresa” en dinero, pero si el dinero que usted utiliza no vale nada usted sigue ahorrando pero en otras cosas. Para que el ahorro aumente debe haber muchas condiciones: estabilidad política y jurídica, y una que hemos visto ya, esto es, que no haya inflación.

¿Vemos ahora un poquito más las causas de la pobreza de tantas regiones del mundo? Guerras, inestabilidad política, y si a eso sumamos el estatismo y la inflación….. ¿Cómo va aumentar el ahorro en el circuito bancario en esas condiciones? Pero el problema es que después se dice que la pobreza es causada por el “capitalismo”. ¿Qué capitalismo? Yo no lo veo. ¿Quién es el ciego, yo o los que critican al capitalismo? Yo lo que veo es estatismo: empresas privadas protegidas por el estado, regulaciones, impuestos muy elevados, inflación, nacionalismos que como bien dice Mises terminan en terribles guerras…..Bancos mundiales y fondos monetarios internacionales que prestan a gobiernos para que sigan con su estatismo…. ¿Qué tiene que ver todo eso con el mercado libre? Estoy dispuesto a que se me refute, pero esto es más difícil de lo que parece. Si hay algún colega aquí, esto se trata de una radical diferencia de interpretación del mundo…..

Estamos en condiciones también de ver ahora el origen de las crisis cíclicas, como la que en gran proporción sucedió en EEUU en 1929, pero siguen sucediendo ahora. Lo que vamos a explicar ahora es la esencia de la teoría austríaca del ciclo económico. El gobierno, con la intención de que bajen las tasas de interés, emite moneda en el mercado de capitales, esto es, la oferta y demanda de ahorros que se expresa en el circuito bancario. Al principio ese dinero, que “simula” ser ahorro, hace que las tasas de interés tiendan a la baja. Los inversionistas, alentados por ello, toman nuevos créditos para encarar proyectos que, sin esa baja artificial del interés, no hubieran realizado. Pero este “engaño”, esta “simulación de mayor ahorro” queda a la vista apenas cesa la emisión monetaria (expansión crediticia). Se ve entonces la real cantidad de ahorro, porque la tasa de interés sube y los nuevos proyectos que habían sido comenzados ya no pueden seguir. Es allí cuando se produce la quiebra de esos proyectos y la desocupación consecuente, la “recesión”.

A pesar de que estamos sintetizando mucho, no quiero dejar de destacar que otra vez tenemos un dramático ejemplo de “cómo aumentar los errores en el mercado” por la intervención del gobierno. El empresario siempre tiene difíciles decisiones que tomar. “¿Tomo este crédito o no?”. Hay miles de variables que tiene que considerar; vimos en la clase uno que quien se equivoca menos es el que permanece en el mercado. Pero hay una variable fundamental: la tasa de interés. Si la falseamos, si engañamos al empresario haciéndole creer que la tasa de ahorro es mayor, se multiplican enormemente los errores en la evaluación de proyectos de inversión y esa es la fase potencial de la crisis.

Y, otra vez, la siempre permanente escasez. Si la tasa de ahorro es poca, las tasas de interés serán altas y las posibilidades de inversión, menores. ¿Qué hacer frente a ello? Magia, no. No se puede aumentar la tasa de ahorro emitiendo moneda. En una economía monetaria y bancaria el ahorro se expresa en dinero pero no es dinero. El ahorro es abstención de consumo. Si queremos aumentar la tasa de ahorro, no queda más que aplicar las condiciones políticas y jurídicas de un mercado libre que aumenten las posibilidades de ahorro en el mercado. ¡No hay otro camino! Esto les muestra, además, por qué la economía no es una ciencia separada del resto de las consideraciones sociales. ¿Cómo lograr la estabilidad política, la paz, todo aquello que implique confianza a largo plazo y por ende mayores condiciones de ahorro? Ah, ahí se me acabaron las respuestas rápidas. ¡Pero al menos no con los dictadorzuelos latinoamericanos, ya electos o militares! Es necesaria una revisión total y completa de nuestras costumbres autoritarias y militaristas. No me quiero ir de tema, pero no es casualidad que Mises haya hecho de sus críticas al nacionalismo militarista uno de sus temas clásicos.

Pero no puedo concluir esta apretada síntesis sin comentar una obvia pregunta. Me van a decir que yo dije que cuando cesa la expansión crediticia, entonces….. ¿Y si no cesa? ¿Y si el gobierno sigue emitiendo moneda? Bueno, aunque no se puede hacer ninguna predicción cuantitativa, lo que se puede decir es que ese proceso no puede durar para siempre. ¿Por qué? Por algo que en cierta medida ya explicamos. Si la expansión crediticia sigue, la inflación va aumentado. Cuanto más alta es la inflación, la demanda de dinero es cada vez más baja, esto es, la gente tiende a desprenderse de la moneda inflada cambiándola por cosas que tengan valor real (y de ese modo también se ahorra). Eso es lo que se llama “huída hacia los valores reales”. En la Argentina ha pasado muchas veces: la gente compra antes de que al día siguiente esté más caro. Claro, esto dura hasta que al final se produce el colapso total del sistema bancario, por más que los gobiernos signa hablando de la crisis del capitalismo global…. Y es ahí cuando las depresiones son más graves (como EEUU 1929, Alemania 1923, etc.). Es aquí cuando los economistas austríacos, sobre todo desde la obra de Mises en 1912, han dicho: jamás comenzar la expansión crediticia, y si se comienza, pararla inmediatamente. Sin dilaciones. Cesar la expansión crediticia es como parar de drogarse. El enfermo se siente mal, pero si sigue tomando la droga se morirá. Claro que va a haber quiebras de empresas y desocupación, pero eso fue causado por el intervensionismo. Además, como veremos la próxima clase, la desocupación será menor en la medida en que más rápidamente se restablezcan las condiciones de un mercado libre.

Además, se cumple una vez más con esto la “ley general del intervensionismo”: toda intervención genera los efectos contrarios a los que se buscaba. Se buscaba bajar la tasa de interés y aumentar las inversiones, y lo que se logra es subirlas y hacer colapsar a todas las inversiones que habían comenzado. Los economistas austríacos parecen los malos de la película porque al proponer que cese la expansión creditica, entonces comienza la fase de recesión…. Con ello estamos simplemente destapando la olla y evitando que la recesión potencial futura sea peor. Frenar la expansión crediticia no es la causa de la crisis; la causa es la expansión; frenarla, es comenzar a curarla. Los chicos malos son los que parecían muy buenos aumentando la emisión monetaria en el circuito bancario y pretendiendo hacer como si la escasez no existiera. Como ya dije una vez, ¿quién creen algunos que es el estado? ¿Jesús en la bodas de Caná? ¡Y después algunos se burlan del cristianismo! Es mucho más racional creer en la multiplicación del vino por parte de Dios que en el estado multiplicando las inversiones de la nada….

Pero no, no y no: no se puede aumentar de la nada la cantidad de bienes y servicios. Fíjense, simplemente, la cantidad de bienes y servicios que hay en este salón. Fíjense en las sillas, las mesas, el edificio, los grabadores, la luz eléctrica….. Todo eso demanda grandes inversiones y bienes de capital. Estamos casi literalmente “sentados” sobre incontables actos cotidianos de ahorro. Lograr eso es muy difícil. Ya lo dijimos. Lo que es fácil es destruir eso de un día para otro. Todas esas complejísimas condiciones jurídicas, políticas y económicas se pueden destruir fácilmente con inflación, con impuestos confiscatorios, con inestabilidad política y con guerras que sólo alimentan las ansias de militares y pueblos formados culturalmente en supuestas glorias espartanas (mientras sólo hay burlas y desprecio para con los pacíficos fenicios que comerciaban pacíficamente). Lo más terrible es que son los más pobres, los más desamparados, quienes más sufren con estas políticas estatistas que conducen al subdesarrollo.

No es casualidad que estemos nombrando permanentemente al marco institucional (político y jurídico). La escuela Austríaca está formada en una concepción humanista, no es como otros paradigmas económicos donde la economía es una especie de física social. El economista austríaco no es una máquina de calcular, no es alguien formado en modelos matemáticos de oferta y demanda desencarnados de toda concepción política y social. Me dirán: pero eso es lo que se estudia en las universidades; les contesto, sí, así van las cosas.

Pero creo que aquí debo parar y debemos pasar a la parte de las preguntas.

P.: El intervencionismo del cual usted habla, ¿significa una simulación en el mercado de capitales?

R.: Sí, totalmente. Es más: usted puede tener todas las industrias privatizadas y, si el estado tiene en sus manos el sistema bancario (esto es, un banco central que controla a los privados) entonces no estamos en un mercado libre. No es un detalle. En la escuela Austríaca la moneda es clave. Por eso hay tantas confusiones; por eso se habla comprensiblemente de un capitalismo en crisis, porque en algunos países no hay empresas del estado y hay crisis…. Derivadas, claro, de todo este control monetario por parte del estado.

P.: No entendí bien lo del interés originario.

R.: Sí, lo tuve que decir rápido y es uno de los temas más centrales del proceso económico. Hay que aclarar bien lo de la preferencia temporal. ¿Cuál es el valor que le damos a algo en el presente? Esto es: ¿cuándo queremos consumirlo? ¿Ahora o después? Si quiero consumirlo ahora, entonces decimos que mi preferecia por el “bien presente” aumenta, y entonces para no consumirlo en el presente el valor que en el futuro tenga un bien va a tener que ser mayor. Si usted está sediento y quiere tomar ahora un vaso de agua, ¿qué valor adicional tiene que tener el vaso en el futuro para que usted no lo consuma ahora? Bien, a ese valor adicional por el bien en el futuro lo llamamos interés originario. Por eso cuando aumenta la preferencia temporal por el bien en el presente el interés originario es más alto, y si disminuye la preferencia por el bien en el presente el interés es más bajo. ¿Qué pasa, para poner otro ejemplo, si mañana es el fin del mundo? La preferencia por el bien en el presente sería total y el interés originario tendería a infinito. Ahora se entiende que cuando el estado emite moneda en el mercado de capitales y entonces el valor de la moneda baja y hay inflación, cuanta más inflación haya, ¿cómo lo voy a convencer a usted de que siga ahorrando en esa moneda inflada? No es que cambió su preferencia temporal, sino que usted va a preferir ahorrar en otra moneda o en otros bienes. Pero el caso es que la moneda de curso forzoso se usa en el circuito bancario precipitando la crisis. Ustedes saben que en este momento en la Argentina hay cuentas bimonetarias, en pesos y en dólares. Ya se estima que la cantidad ahorrada en dólares es mucho mayor. Aún hay estabilidad en los precios, pero las expectativas por la estabilidad en el futuro en cuanto a pesos son muy bajas. La demanda de pesos está bajando y el sistema no va a durar, por más millones que el estatista FMI le preste a De la Rúa para que su banco central siga vendiendo dólares y más dólares.

P.: ¿Pero cómo puede inflar la moneda un estado con estabilidad política y jurídica?

R.: Basta con un sistema legal que le permita al estado imponer el curso forzoso. En ese caso se impide la libre circulación de monedas y por ende el gobierno puede emitir moneda todo lo que quiera. No sin pésimas consecuencias, claro….

P.: Pero la pregunta es cómo inyecta el gobierno más dinero en el mercado….

R.: Hay muchos modos para eso; en el circuito bancario lo más habitual es bajando el encaje bancario. Fuera del circuito bancario, la emisión por deficit del presupuesto, directamente, es también muy habitual…. Ahora en la Argentina no se hace pero lo que se hace es endeudarse cada vez más….

P.: ¿Pero cómo se hace para aumentar la cantidad de divisas?

R.: No se preocupe por la cantidad de dinero circulante. Si se establece un mercado libre de dinero, la oferta y demanda de dinero se encargarán de su valor. Para imaginarnos esto a nivel nacional sencillamente observemos lo que pasa a nivel internacional. ¿Quién estableció que el dólar o los marcos alemanes son la mejor moneda? Por decreto, nadie. Sencillamente la demanda del mercado. Si el gobierno norteamericano infla su moneda, los dólares en el mercado internacional perderían su valor y las personas comenzarían a comerciar con otra moneda.

P.: ¿Cómo es posible que gente preparada como los del FMI sigan apoyado a los tigres asiáticos o a dictaduras….?

R.: Bueno, son universitarios, y eso a veces significa que están “aferrados a un paradigma”. Los funcionarios del FMI han salido de universidades donde la economía se estudia según un modelo positivista, un modelo de oferta y demanda con total independencia de otros factores. Ese modo de ver las cosas les produce una distorsionada visión de la realidad. Por eso todo esto que estamos haciendo es muy importante pero hasta que no se llegue a las universidades, poco se logrará.

P.: ¿Y el modelo de Friedman?

R.: Bueno, lo que habitualmente se conoce como el modelo chicagense en moneda es que el gobierno debe emitir moneda en forma proporcional al aumento de productividad global de la economía, para que de ese modo se mantenga estable el nivel general de precios….. Pero ya hemos visto que, para los austríacos, eso significa inflación. Rothbard dice muy bien que en una economía en crecimiento los precios tienden normalmente a la baja, dado el aumento en la oferta de bienes y servicios (lo cual es un aumento en el salario real). Impedir esa baja por razones exógenas al mercado es inflación. Pero es discutido que Friedman siga diciendo eso.

 

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