Por qué soy liberal

«Por lo que a mí respecta, cuando combato el socialismo, impugno en el fondo una filosofía que, llevada de su palabrería «liberal», habla demasiado del hombre, de su naturaleza y de su personalidad y, al menos en su entusiasmo por cuanto significa organización, dirección y aparato, acepta con excesiva ligereza el riesgo de que de este modo pueda quedar sacrificada la libertad en el mismo desnudo y trágico sentido en que lo hace el Estado totalitario. Porque creo tener una idea bien definida del hombre, configurada sobre la herencia espiritual de una antigua tradición cristiana; porque le considero imagen de Dios; porque llevo en la sangre la convicción de que es un horrendo pecado rebajarle a la condición de medio (aunque se haga en nombre de frases altisonantes); porque afirmo que el alma es algo incomparable, intransferible e inapreciable y, que comparado con ella, todo lo demás es nada; porque me declaro seguidor de un humanismo enraizado en estas convicciones, para el cual el hombre es hijo de Dios hecho a su imagen y semejanza, pero no es Dios, como pretende divinizarlo la hybris de un humanismo falso y ateo, por todo ello considero con la más profunda desconfianza todo tipo de colectivismo.

Y por estas mismas razones me pronuncio a favor de una economía orientada según mercados y precios libres. Argumentos de mucho peso y experiencias de inequívoca significación nos dicen terminantemente que, en nuestra época de economía industrial altamente evolucionada, esta libertad de precios y de mercados es el único orden económico que puede armonizarse con la libertad del hombre, con una estructura del Estado que ofrezca seguridad y garantice la prevalencia del derecho. Y con estas palabras no hacemos sino mencionar aquellas condiciones últimas sin las cuales no puede vivir con sentido y dignidad el hombre de nuestra fe religiosa, de nuestras convicciones filosóficas y de nuestras tradiciones. Nos pronunciaríamos a favor de este orden económico incluso en el caso de que dicho orden acarreara a los pueblos sacrificios en su bienestar material, y el orden socialista diera absoluta seguridad de mejoras materiales. ¡Qué inmerecida suerte la nuestra si, además, sucede exactamente todo lo contrario, como la experiencia debería haber hecho comprobar hasta a los más obstinados!»
Wilhelm Röpke (Más allá de la oferta y la demanda, 2º ed. Madrid: Unión Editorial, 1996, p. 20-21)

http://elpenultimoliberal.blogspot.com.tr/2012/12/por-que-soy-liberal.html?m=1

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