Los precios y la escasez. 

Couts Moseley

Relativamente poca gente sabe que la escasez de muchos productos básicos muchas veces es causada (o empeorada) por unas políticas muy populares a las que los gobiernos populistas seguido acuden. Esas políticas son los controles de los precios. 

En un mercado libre — o sea, en donde el gobierno no interviene en la economía — los precios responden a las fluctuaciones de oferta y de demanda. La relación entre la cantidad de oferta y el precio de un producto o servicio es inversa. Es decir, que si se produce mucho de un producto que la gente desea, los precios de ese producto caerán (asumiendo una demanda estable). Y si se produce poco de ese producto (relativo a su demanda) los precios subirán. La demanda, o sea lo que la gente quiere, tiene una relación directa con los precios, los cuales suben cuando hay más demanda y bajan cuando hay menos demanda (asumiendo una oferta estable). Los precios, en otras palabras (y pese a las creencias populares), no suben y bajan caprichosamente o debido a la codicia de los comerciantes.

¿Pero qué tiene que ver lo que sucede en un “mercado libre” con lo que sucede en una economía intervenida? Lo que sucede es que en la economía intervenida las mismas leyes económicas aplican, pero los gobierno populistas típicamente le imponen controles a los precios. Cuando los precios suben, esos gobiernos imponen controles “para el beneficio de los pobres”. Esos gobiernos bajan los precios artificialmente, o prohíben que los productores vendan su producto a un precio por encima de un nivel que el Estado considera “justo”, especialmente si se trata de un producto muy popular (con alta demanda), como las tortillas de maíz en México, el arroz en Corea del Sur, la renta de apartamentos en la ciudad de Nueva York, o el papel higiénico en Venezuela. Predeciblemente, esas políticas tienen efectos contrarios a sus supuestas intenciones.

Para explicar porqué esas políticas resultan en efectos contrarios a sus intenciones, quizá bastaría señalar que las fluctuaciones de la oferta y la demanda no sólo generan los precios, sino que estas mismas (la oferta y la demanda) ¡responden a los precios! En un mercado libre no sólo sucede lo que describí arriba, a corto plazo, sino que también se generan incentivos que afectan o dirigen las acciones de los productores y de los consumidores, y que tienen efectos a plazo más largo. Si los precios suben, los primeros aumentan su producción y los segundos moderan su consumo. En otras palabras, ¡los precios actúan como un mecanismo de retroalimentación que dirigen la producción y el consumo! Esta autorregulación tiende a regresar los precios a un equilibrio que refleja las necesidades reales de la gente y el estado real de los recursos empleados en la producción de los bienes. Es importante recordar siempre que cuando hablamos de “economía” no estamos hablando de algo misterioso que se trata de los bancos o que sólo atañe al gobierno. En realidad, cuando hablamos de “economía” estamos hablando de las acciones comunes en las vidas cotidianas de los seres humanos, los cuales siempre actúan en busca de un beneficio. Un consumidor no comprará un producto más caro (aunque le encante ese producto) si existen alternativas a precios más bajos o que el consumidor aprecia más, relativo a la cantidad de dinero que tenga en un momento dado. De manera similar, un productor no va a producir algo a lo que no le puede sacar ganancia.

Veamos qué es lo que sucede cuando los gobiernos, supuestamente para el beneficio de los pobres, imponen controles de precios. Lo primero que sucede es que el mecanismo de retroalimentación de los precios deja de funcionar. Sin el incentivo de poder aumentar sus ganancias, los productores o dejan de producir o producen menos del producto controlado — la oferta es reducida. Con los precios más bajos, por otro lado, los consumidores aumentan su consumo — la demanda aumenta. ¡No es necesario ser un genio para darse cuenta de cuáles serán las consecuencias de esto! En Venezuela, como en todos los países en donde se le han impuesto controles a los precios, se han ocasionado serias escaseces precisamente en esos productos o servicios cuyos precios han sido artificialmente reducidos.
Para cerrar, quisiera relatar una fábula que quizá ilumine este triste fenómeno. Sucede que existían hace mucho tiempo dos reinos adyacentes en una cierta región del mundo en donde periódicamente había terribles sequías. Digamos que a uno de esos reinos lo llamaban Micro y al otro Macro. Por alguno años estos reinos sufrieron una sequía particularmente severa. La resultante escasez de productos causó un marcado incremento de los precios y una hambruna fatal. El rey de Micro, sin embargo, decidió no imponer controles de precios. Así que mediante bajaba la producción, debido a la sequía, los precios subían. Y subían. Y subían. La gente de Micro, ante los altos precios de los alimentos, se vio obligada a reducir drásticamente su consumo. Subieron tanto los precios que muchos comerciantes vinieron de otros países, en donde no había sequías ni hambrunas, para buscar fortuna vendiendo sus productos. Cuando la sequía terminó y la producción (y los precios) regresaron a niveles más normales, los ciudadanos de Micro resumieron sus vidas, aunque un poco más pobres y delgados.

Por su parte, el rey de Macro, el cual tenía fama de ser muy compasivo, le impuso controles a los precios para que la gente pudiera comer a precios bajos. Lo que sucedió es que la gente en ese reino siguió consumiendo igual que antes, ya que los precios no habían subido conforme que la producción de alimentos menguaba. Muy pronto los almacenes se vaciaron de productos. Y ningún comerciante extranjero se atrevió a traer sus bienes a Macro, ya que sabían que no podrían obtener una ganancia ahí. Al final, cuando la sequía finalmente terminó, la mayoría de los ciudadanos de Macro, incluyendo al Rey, habían muerto de hambre.

Como todas las fábulas, esta es una exageración irrealista. En el mundo real, si pueden, la gente huye de toda situación insoportable, por más que quieran a sus tierras de origen. Es por eso que a través de varias décadas millones de Mexicanos, Cubanos, y (últimamente) Venezolanos han llegado a parar en los Estados Unidos, un lugar en donde todavía no sustituyen por completo los precios generados por las leyes económicas con los precios decretados por idiotas déspotas que pretenden saber cómo dirigir una economía.

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