¿Emisión de bonos soberanos? Otra amenaza a la economía.

El Ministerio castrista de Finanzas y Precios en la comisión de asuntos económicos del Parlamento, informó que la Isla financiará su déficit fiscal de 2013 y 2014 con la emisión de bonos soberanos, que serán adquiridos por bancos comerciales del país.

Cambio importante el que se anuncia, y no exento de riesgos. Hasta épocas recientes, los abultados déficits públicos de la economía castrista se financiaban con la emisión de papel moneda, una política que ha generado no pocas tensiones en el comportamiento de los precios. Parece que este mecanismo ha llegado a su fin, y que algo debe tener en relación con la previsible unificación monetaria. En cualquier caso, es una buena noticia que se ponga fin a este procedimiento que, por otra parte, tiene efectos negativos sobre la actividad productiva.

Los bonos que se anuncian para su comercialización, por importe de 800 millones de pesos (con la equivalencia de CUP con dólar al cambio oficial) serán pagaderos a 20 años, con una amortización cuya tasa de interés será del 2,5%.

El régimen castrista lleva realizando ensayos y experimentos desde 2006. Ahora toca examinar nuevas alternativas y formas de ejecutar financiación al déficit del presupuesto del Estado.

Varias preguntas surgen de forma inmediata.

¿Por qué el déficit? No se supone que estamos ante una economía planificada centralmente en la que toda la propiedad de los activos es del estado. En tales condiciones, el desajuste entre los ingresos y los gastos obedece a factores estructurales cuya corrección parece cuando menos complicada. ¿Creen las autoridades del régimen que los compradores de bonos soberanos no se van a preguntar por esta cuestión?

La situación de los mercados financieros internacionales, en la que las agencias de calificación someten a un escrutinio continuado a los gobiernos a fin de garantizar que las inversiones estén aseguradas, no es la mejor. Lo primero que no van a comprender es el cambio de CUP equivalente a un dólar. Eso puede funcionar con las estadísticas “oficiales” pero no entra en las coordenadas de quiénes están atentos al comportamiento de los riesgos. Lanzarse a comercializar bonos, desde una posición como la que tiene la economía castrista, en la que falta transparencia y rigor, es como tratar de atraer inversiones extranjeras con la Ley 118: una pérdida de tiempo. Los fondos de inversión, que compran deuda soberana, tienen ante sí un espectro tan amplio de opciones para colocar sus inversiones, que difícilmente pensarán en la economía castrista como un destino adecuado para hacerlo.

Pero además, hay que saber que para acudir a los mercados internacionales de financiación, a vender bonos soberanos, los gobiernos antes tienen que cumplir con las obligaciones adquiridas. ¿Es que el régimen castrista cree que va a poder vender un solo bono en los mercados financieros sin cumplir con lo que debe al Club de París? Mientras que esa deuda no se ponga al día y se cumpla con lo acordado, cualquier política de venta de títulos está condenada al fracaso o a recurrir a otros inversores institucionales menos favorables a otorgar concesiones o aplazamientos.

En tales condiciones, ¿dónde va a colocar el régimen los 800 millones de pesos o de dólares para financiar su desbordante déficit? ¿En el mercado financiero interno? Ni más ni menos. Si los bancos que funcionan en la Isla no estuvieran intervenidos por el estado ¿invertirían en estos “bonos soberanos castristas? Suponiendo que fueran eficientes, actuarían con las mismas dudas que los financieros internacionales. Posiblemente no.

Pero es que al colocar los bonos en los bancos, el régimen una vez más, crea problemas, porque si se apropia de la escasa financiación que existe en el controlado y estatalizado sistema bancario de la Isla, entonces, cabe preguntarse qué fondos van a quedar para estimular la actividad económica privada, en línea con los objetivos de los “Lineamientos”. Cualquier estimación de capacidad financiera del sistema bancario deja pocas dudas sobre los límites del ahorro interno existente en la Isla y la eventual colocación de una emisión de esas características.

El objetivo fiscal del régimen debería ser controlar el déficit y tratar de que no se produjese. Llevan años reduciendo gastos que han supuesto una considerable merma de los salarios reales de la población, pero el problema fundamental es el “continuo incumplimiento del plan de ingresos como el impuesto de circulación mercantil de bienes”. Ellos mismos lo reconocen. Los ingresos caen porque la economía crece cada vez menos. Y ese menor crecimiento económico viene provocado porque los llamados “Lineamientos” no están dando los resultados previstos, ni los darán. En tales condiciones, la solución adoptada es “seguir reduciendo los gastos corrientes totales por dejar de adquirir recursos que necesita el país en algún sector o la esfera social”.

Si la economía castrista se desacelera, en mayor medida de lo esperado, ingresará menos. La posibilidad de financiar un déficit cada vez mayor, también será menor porque un crecimiento débil no genera recursos económicos para el sistema bancario. Atrapada en un círculo vicioso de ineficacia e improductividad, de descontrol de los equilibrios interno y externo, la economía castrista necesita cambios de 180º que la lleven hacia los derechos de propiedad y el mercado como instrumento de asignación de recursos. El estado, como instrumento de gestión económica, ha llegado a su fin, y está pidiendo su reemplazo por la actividad privada y el cambio de modelo económico.

Mientras sigan culpando los problemas que tienen “a no lograr los ingresos externos previstos, a condiciones climatológicas adversas e insuficiencias internas que continúan afectando al sistema empresarial cubano, además de los efectos del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos”, no serán capaces de dar solución efectiva a los mismos. Los cubanos terminarán pagando un alto precio. Y lo malo es que el tiempo se acaba.

Elías Amor Bravo (economista), para Cubaeconomía.

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