El himno y la bandera

joisy-garciaEn un futuro no muy lejano, tendrán que ser analizados muchos detalles en nuestra sociedad. A propósito de una sugerencia hecha hace muy poco por un joven grafitero para cambiar la bandera, sería muy bueno reflexionar en torno a nuestros símbolos nacionales.

Sí, definitivamente creo en lo que algunos místicos llaman memoria o conciencia colectiva. Se dice inclusive, universal. Pero hay quienes piensan que los pueblos tienen mala memoria. Sea como sea, hay algo cierto: la civilización avanza en dirección positiva y la evolución es innegable. Es independiente de la voluntad individual o colectiva. Hay una voluntad superior, todopoderosa e imparable, que así lo determina.

¿Quién al ver la bandera roja con la hoz y el martillo deja de asociarla con el comunismo soviético? ¿Quién no detesta la svástica nazi del Tercer Reich? ¡Tantas muertes, tantos sacrificios y en vano!

En Cuba, un joven visionario, con dotes de pintor, apuesta por la necesidad de modernizar, más bien cambiar el símbolo aterrorizador -quiérase o no- de un sistema socio-político que por más de medio siglo y ante varias generaciones, lo ha usado como una especie de svástica caribeña, afectando la memoria individual y colectiva, a través de la bandera gloriosa, cuyo origen fue traicionado por las sucesivas corrupciones.

No sé si finalmente el proyecto de nueva bandera progresará, si se proyectará otro modelo. Lo cierto es que su lógica es digna de estudio. Un cambio de realidad debiera tener un cambio de símbolos. Y los símbolos, patrios o de cualquier índole, símbolos son. No solo identifican o asocian su origen, sino también su evolución.

Sustentado en la misma lógica, pero con argumentos más ostensibles, más objetivos, se impone revisar el cambio o no del Himno Nacional. Cuando Perucho Figueredo, en su caballo de guerra, y apoyándose en la montura, escribía el himno de combate, estaba lejos, muy lejos de sus intenciones, componer un himno nacional. Muchísimo menos que sus letras e ideas esenciales fueran utilizadas indubitablemente por un régimen tiránico, lleno de injusticia y mediocridad.

Recientemente circuló un vídeo en Internet, en que una turba de enardecidos y sustentadores de injusticias, verdadera plebe de baja estofa, manipulada y azuzada por sus amos, hacen un acto de repudio a una madre herida en lo más profundo. El asesinato de su hijo y los procedimientos arbitrarios utilizados en la investigación del mismo, la afectaron hondamente, y en su impotencia, colocaba en la fachada de su casa, párrafos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, como si fuera algo subversivo o ilegal. Eso bastó para que le hicieran un acto de repudio.

Luego de ofensas a la mujer y de gritos “enardecidos” de los cómplices de los que han hundido a la patria en el mar de la desesperación, cerraron filas y en coro, como gallos oprobiosos y moquillentos, luego de sacudir sus piojillos, cacarearon desafinados el himno de guerra que aparentemente, justifica y ampara este ataque impudoroso y deleznable: “Al combate corred bayameses/ Que la Patria os contempla orgullosa/ No temáis una muerte gloriosa/ Que morir por la Patria, es vivir/ En cadenas vivir es morir /En afrenta y oprobio sumidos, /Del clarín escuchad el sonido/ A las armas, valientes, corred.”

Tanta indignidad no necesita comentario. Por supuesto, el himno no aprueba tanto oprobio, ni justifica tanta afrenta a una madre dolida, como le parece a la turba. Pero como en tantos actos de repudio orientados por los politiqueros turbios que destilan odio por dondequiera que van, se auto-justifican con el himno, y este se torna dúctil a la confusión.

Es por ello que en un futuro democrático, que necesariamente ha de llegar, debería sustituirse el himno por otro, en que brillen de manera diáfana las palabras Dios, amor, paz, hermanos, familia, para que no se pueda nunca más justificar las turbas de esbirros, ni las acciones de violencia, las injusticias, los encarcelamientos, las guerras y las muertes. Pero mucho menos una tiranía implacable y duradera, que haciéndose pasar por generosa, se mantiene por el poder de sus fusiles y cuenta con un himno, que aunque en la realidad la niega -porque en cadenas vivir es morir en afrenta y oprobio sumidos- aparentemente la refrenda.

Nada es para siempre, y todo lo que nace necesariamente morirá. O será cambiado. Como los símbolos.

Para Cuba actualidad: joisygarcia@gmail.com

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