¡Defendamos nuestro derecho a ser feliz!

Por encima de toda  posición política, religiosa, moral, ética y  filosófica, por encima de todo bienestar económico, estatus y reconocimiento social, está, muy por encima,  la verdad suprema de la existencia humana: El  logro de la felicidad. Ese es el verdadero fin que anhela todo ser humano en particular. Todas las acciones del individuo en el transcurso de toda su vida, están encaminadas absolutamente, y como fin último, al logro y disfrute de la felicidad, por lo que todo lo que el ser humano haga en contra de esta verdad universal, es irracional, inducido, forzado y autodestructivo.
La felicidad es el estado espiritual que le da sentido a la vida, pues una vida infeliz, carece de todo sentido. Solo en ese estado anímico el individuo es capaz de desarrollar a plenitud toda su creatividad y potencialidad, y está, sin lugar a dudas, en mejores condiciones para respetar y  no interferir en la felicidad de otros, cuestión esta esencial para la existencia de la paz y el progreso de la  comunidad humana.
Esto es solo posible en sociedades donde se tenga al individuo como eje central, como lo primario.
Las sociedades colectivistas, sin embargo, abogan por el bienestar de la sociedad por encima de la del individuo, presentándose como la única alternativa posible para el logro del progreso y la felicidad humana; sin embargo, ha quedado más que demostrado, que por ese camino solo se llega a la miseria espiritual y material de los seres humanos, a la destrucción de la familia, a la corrupción y la doble moral como medio forzoso de subsistencia,  y lo que es peor aún, a la deshumanización del individuo, como lo es el caso de la sociedad cubana, hasta el punto de pretender crearse un hombre nuevo, cualitativamente superior, ¡qué horror!
En las sociedades colectivistas desaparece la propiedad, pues sostiene que todo es de todo el mundo (propiedad social), y en  realidad nada es de nadie, o mejor dicho, todo pertenece a los Dioses del poder, que se hacen llamar Estado. En las sociedades colectivistas el individuo deja de ser dueño de sí mismo para convertirse en esclavo de algo que llaman sociedad. El colectivismo no lleva a otro lugar que no sea al  esclavismo, al totalitarismo, a la dictadura, o lo que es lo mismo; al socialismo.
Es por ello de la inminente necesidad de que cada ser humano comprenda esto, y  defienda modelos de sociedades donde el individuo sea completamente libre para dirigir su vida en busca de su propia felicidad.
Acabemos de comprender esta realidad:
No pueden existir sociedades prósperas y felices si los individuos que la conforman  no lo son.
¡Defendamos nuestro derecho a ser  feliz!
Nelson Rodríguez Chartrand (nelsonchartrand@gmail.com)

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Instituto Mises Cuba: Espacio para opinar y debatir sobre economía y libertad.
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