Leyes policéntricas

nelson-luis-rodriguez-chartrandNo ha existido un Estado en el transcurso de la historia de la humanidad que no se haya autoproclamado a través de sus leyes, ferviente defensor de la justicia. Sin embargo, paradójicamente, lo que ha imperado en el escenario de las sociedades humanas, es precisamente todo lo contrario: La injusticia, causa principal de calamidades tales como las guerras, la miseria, la discriminación y el sufrimiento de los pueblos.

¿Quiere esto decir que las leyes son dañinas, innecesarias e incompatibles con la existencia y desarrollo de la comunidad humana?

No, en lo absoluto. La existencia misma de la innegable e ineludible diversidad humana, presupone la presencia de normas que garanticen por igual la protección de los derechos naturales e inalienables de los seres humanos, condición sin la cual no sería posible la continuidad existencial, armoniosa, próspera y por ende feliz, de las sociedades humanas. El problema radica en la fuente creadora de las leyes.

La naturaleza diversa de la individualidad humana conlleva inevitablemente a la desmonopolización, por parte del Estado, de las leyes, única manera posible, en que estas pueden representar los verdaderos intereses de los seres humanos en particular, y garantizar eficazmente su libre albedrío. Solo así, y no de otra manera, las leyes serian verdaderamente, compatibles con la naturaleza misma de los seres humanos.

Las leyes, creadas por la maquinaria de los Estados, por muy demócratas que estos sean, van a representar siempre los intereses de la minoría dueña y creadora de las mismas; por lo que siempre que existan este tipo de normas, las sociedades humanas no avanzarán, o mejor dicho, avanzarán, pero hacia su autodestrucción.

Solo con un sistema de leyes policéntricas, o sea, leyes creadas libre y voluntariamente por los individuos y empresas privadas a través de contratos mutuos, se garantizará verdaderamente la libertad plena de los individuos para dirigir su vida como lo consideren, garantizándose de esta manera la utilización libre de sus potencialidades con el fin de alcanzar sus propios objetivos, condición necesaria para la existencia de la paz, la prosperidad y la felicidad humana.

¿Creen ustedes, amigos lectores, que en una sociedad donde rija el sistema policéntrico de las leyes, los individuos pactarían normas que limitasen la libertad de expresión o de libre asociación, como es el caso de los artículos 53 y 54 de la Constitución de la República de Cuba, o leyes que limitaran la libertad de escoger libremente el lugar de residencia, como es el caso del Decreto 217 de 22 de abril de 1997, o acordaran la obligatoriedad del servicio militar según lo dispone el artículo 67 de la Ley No. 75 de Defensa Nacional, o leyes de inversiones donde se les priven del derecho a constituir sus propios negocios y disponer libremente de sus beneficios?

¿Creen ustedes que en un sistema de derecho privado los individuos integrantes de una comunidad humana, hubieran aprobado leyes que inciten a la represión contra otros seres humanos por el solo hecho de pensar diferente a los demás, como es el caso del Decreto Ley 240 de 27 de junio del 2006, o leyes o preceptos que sancionen a las personas sin haber cometido delitos, simplemente porque alguien se imagine que pudiera cometerlo, como es el caso del articulo 78 en relación con el 80, ambos del código penal cubano?

Claro que no, ningún ser humano razonable atentaría contra sus derechos naturales, pues estaría atentando contra su propio bienestar y felicidad.

Piensen en cómo nos sentimos en nuestros hogares donde la familia (funcional) pacta libre y voluntariamente las normas de conductas que han de regir, sin interferencias del Estado, ni de terceros. Ese es el mejor ejemplo para demostrar que en una sociedad donde rija la creación privada, libre y voluntaria de las leyes, se crean las condiciones idóneas para que florezcan el desarrollo, la prosperidad, la paz y la felicidad humana.

Nelson Rodríguez Chartrand (nelsonchartrand@gmail.com)

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3 respuestas a Leyes policéntricas

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