El Estado: ¡Ojo con este señor, vigiladle bien!

Se puede decir que las únicas personas que comprenden, aunque sea de un modo aproximado, el significado, los principios y los propósitos del socialismo son sus dirigentes. Pero si verdaderamente pensaran de manera coherente y lógica, haría mucho tiempo que su razón les hubiera hecho inclinarse un tanto más a uno u otro extremo, y Cuba no sería lo que es hoy.

Las discusiones sobre las privatizaciones y el tamaño del estado llevan ya décadas. Comenzaron a inicios de la década de 1980, con los planes de privatización de Margaret Thatcher en Gran Bretaña, de Ronald Reagan en Estados Unidos. Luego se convirtieron en un análisis un poco más amplio y general sobre el papel que deben desempeñar los Estados en la economía de los países.

Las políticas económicas y los derechos sobre la propiedad son asuntos que nos conciernen a todos. La transición de una economía centralizada y dominada por la supuesta propiedad colectiva, a una de propiedad privada y economía de mercado debe ser uno de los temas principales de discusiones que algunos creen ver acercarse. La transparencia en estos procesos es de vital importancia para poder medianamente encaminarnos el hacia una sociedad moderna, mejor y dinámica. Para tener éxito en este empeño, se deben crear las entidades necesarias, empoderar con conocimientos a todos y establecer el papel adecuado que debe poseer el señor Estado.

Para que medianamente funcionen bien las economías de mercado, se necesita que el Estado sea capaz de establecer y hacer cumplir con cabalidad las reglas del juego, pero que las mismas sean reglas justas.

Necesitamos un conjunto racionalizado de normas precisas, que dejen escaso margen para la especulación y las interpretaciones caprichosas.

La transición a una economía de mercado no será completa y real mientras no se hayan creado instituciones fiscales eficientes con programas, gastos adecuados y de costos razonables, pues un país depende, entre otras cosas, de su desarrollo económico y de la eficiencia de sus sistemas tributarios y administrativos. Estos deben ser examinados periódicamente por los centros de estudios sobre gastos públicos.

Mucho ojo con el poder, porque siempre ha tendido siempre a la inclinación de crecer, a aumentar su esfera de acción, avanzar más allá de los límites que se le han fijado.

Cuando el hábito de resistir tal usurpación no es incentivado, y no se enseña al individuo a ser celoso de sus más elementales derechos, la individualidad, algo tan natural, gradualmente desaparece y el Gobierno y el Estado se convierten en la totalidad.

Estar alertas sobre nuestra indefensión no es un drama, aunque el término “drama” podría parecer fuera de lugar, respecto a un caso tan serio.

Pues entonces, queridos lectores y específicamente mis compatriotas cubanos, no nos queda otro remedio: ¡Ojo con este señor! Que los que se creen más vivos nos acechan y coaccionan con vulgares decretos, y la acción humana no es ninguna labor ordinaria, ni nada por el estilo. No debemos dejar al zorro solo al cuidado del gallinero. ¡Ojo con este señor y sus cómplices! ¡Vigiladles bien!
joisygarcia@gmail.com

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Instituto Mises Cuba: Espacio para opinar y debatir sobre economía y libertad.
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